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Científicos descubren una "Ciudad Perdida" bajo el Atlántico

telecinco.com

Gigantescas formaciones de piedra han llevado a un grupo de científicos norteamericanos al hallazgo de una auténtica "ciudad perdida" situada a unos 700 metros por debajo de la superficie del Atlántico. La "metrópoli", que se extiende a lo largo de casi diez mil kilómetros de suelo marino, puede arrojar alguna luz sobre los orígenes de la vida.

Científicos descubren una "Ciudad Perdida" bajo el Atlántico

La legendaria Atántida descrita por Platón hace más de dos mil años ha servido de inspiración a un grupo de científicos norteamericanos, que han bautizado su último descubrimiento en honor a la metrópoli sumergida. El descubrimiento de la "ciudad perdida" ha seguido al hallazgo de gigantescas torres de piedra que, con una altura similar a la de un edificio de 18 pisos, se hallan próximas a una falla volcánica que se extiende a lo largo de casi diez mil kilómetros de suelo marino bajo el oceano Atlántico.

El tamaño de los majestuosos arrecifes de piedra no es, sin embargo, lo único que ha despertado el interés de los científicos. Su ubicación y sobre todo su composición, afirman, podría desvelar algunas de las incógnitas que rodean a los orígenes de la vida en nuestro planeta.

Si bien no se trata del primer descubrimiento de este tipo de formaciones submarinas, los investigadores coinciden en su carácter extraordinario. Así lo confirma el hecho de que las espirales de piedra se hallen a una distancia considerable (unos 14 kilómetros) de la falla volcánica, alrededor de las cuales la sedimentación de minerales y la erupción de magma procedente del centro de la tierra da lugar a este tipo de chimeneas de piedra. Jeff Karson, oceanógrafo involucrado en el hallazgo, afirma que, de hallarse en tierra firme, el conjunto igualaría en extensión a un parque nacional.

El brillo que desprenden las rocas es otro de los hechos que intrigan a los científicos. Una composición en la que priman minerales carbónicos y silicatos les confieren un blanco brillante, muy alejado del negro mate de las formaciones rocosas que suelen aparecer junto a fallas volcánicas.

El estudio de las formas de vida en la zona tampoco ha dejado impasibles a los científicos. Junto a un pequeño número de especies animales grandes (en su mayoría moluscos, esponjas y corales), las bacterias parecen haberse adueñado de las espirales de piedra. En algunos casos, afirman los investigadores, la concentración de estos organismos ni siquiera permite ver la roca. Estudios preliminares han demostrado su pertenencia a grupos bacteriológicos cuya antigüedad se ha visto preservada gracias a una dieta en la que no faltan componentes minerales y orgánicos como el metano. Condiciones estas que, asociadas a la alcalinidad de las rocas carbónicas se asemejan, según los científicos, a lo que debía ser la vida en la Tierra hace unos tres billones de años. "Esta zona invoca los orígenes de la vida", afirma el oceanógrafo Richard Lutz, uno de los pioneros en la investigación de fisuras hidrotermales desde finales de los de los 70. "Son muchas las posibilidades de que este fuera el tipo de entorno en el que comenzó la vida".