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Las cosechas espaciales, posible solución al hambre mundial

telecinco.com

Un pequeño invernadero fabricado en Bulgaria fue, hace dos años, escenario de un avance revolucionario en el campo de la agricultura: la recogida de la primera cosecha de trigo cultivado en el espacio. Ahora, tras los más que óptimos resultados de una segunda cosecha, los científicos se muestran más optimistas que nunca respecto a unos cultivos, que, afirman, podrían ser la clave para mitigar el hambre en el mundo.

Las cosechas espaciales, posible solución al hambre mundial

Agricultura o "astrocultura", esa es la cuestión. Bajo este término acuñado por la NASA se oculta lo que muchos científicos creen podría incrementar la producción agrícola mundial y hasta aumentar la resistencia de las plantas a diversas enfermedades: la agricultura espacial. Una revolución que los expertos aseguran podría tener tanto impacto en nuestro planeta como fuera de él, donde las posibilidades de este tipo de cosechas podrían abrir el horizonte a una posible futura colonización espacial.

El cultivo interestelar fue posible gracias al empeño de un grupo de científicos que a principios de 1999 recogieron los frutos de una cosecha de 508 semillas de trigo depositadas en un pequeño invernadero a bordo de la MIR. Las semillas fueron sembradas una vez más y a finales de año produjeron una segunda cosecha que duplicó en tamaño a la primera.

Expertos de la NASA y el programa espacial ruso confían en que la siembra de cultivos cíclicos podría facilitar la puesta en marcha de misiones a Marte de larga duración. "No se puede llevar en la nave toda la comida que se va a necesitar en una misión con una duración de vuelo de 16 meses", afirma uno de los investigadores involucrados en el proyecto.

Tras el hundimiento de la MIR al sur del Pacífico, los científicos se han propuesto retomar la iniciativa, solo que en esta ocasión sus miras apuntan a nuestro planeta. Ya en mayo la NASA procedió al lanzamiento del proyecto comercial Astrocultura Avanzada en la estación espacial Alpha, un experimento que explota los beneficios de la microgravedad para crear cosechas "a medida" que se adaptan a condiciones climáticas hostiles, son resistentes a las plagas y precisan de menos espacio para desarrollarse.

Los investigadores no disimulan su optimismo ante unos resultados que, afirman, "demuestran que la investigación llevada a cabo en los cultivos espaciales aporta valiosa información a las investigaciones sobre cultivos terrestres". En el terreno práctico las perspectivas no se quedan a la zaga: "El incremento de la productividad en un uno o dos por ciento podría suponer un enorme salto en la solución de problemas como las hambrunas o el abastecimiento de una población en constante crecimiento demográfico", afirma la profesora rusa Tania Ivanova, líder del proyecto.