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Relojes biológicos regulan la fisiología de los órganos

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El cuerpo humano puede tener, en conjunto, un ritmo totalmente acompasado; pero los órganos tienen, además, su propio ritmo individual. Según las conclusiones de investigadores de Boston, tanto el corazón como el hígado tienen su propio ritmo diario

Relojes biológicos regulan la fisiología de los órganos

Comentario del Portal de Filosofía
Continuamente se realizan nuevos descubrimientos en campos tan dinámicos como los de la investigación genética. Esto no es de extrañar, dado el gran potencial investigador que se invierte en ello. Pero cuando esos descubrimientos parecen confirmar teorías sostenidas hace miles de años o incluso campos del conocimiento no ortodoxo, nos hace pensar si los métodos actuales de investigación son los únicos que han dado sus frutos a lo largo de la historia... Ofrecemos a continuación una noticia relativa a los últimos descubrimientos en el campo de los ciclos circadianos y en segundo lugar, dos enlaces muy interesantes relacionados con el tema.

El cerebro posee un reloj que impone un ritmo periódico diario de 24 horas. Así como los relojes mecánicos se ajustan según el horario de Greenwich, los órganos de nuestro cuerpo disponen de un reloj cronometrador ajustado a segundos. Éstos regulan funciones como el metabolismo, la digestión y la presión sanguínea.

Charles Weitz y su equipo han mostrado que el funcionamiento de cada uno de los relojes orgánicos desencadena diferentes frecuencias de actividad genética. Han descubierto que diferentes grupos genéticos en el hígado y en el corazón oscilan en una período de 24 horas, alcanzando valores máximos y mínimos en diferentes unidades de tiempo.

"Lo que se aprecia es que diferentes tejidos vibran debido a causas diferentes", afirma Ueli Schibler, de la Universidad de Ginebra, en Suiza. Esto posibilita que los órganos puedan ajustar y regular nuevamente las funciones, según sus propias prioridades. "Esto parece tener mucho sentido y utilidad", afirma Schibler.

"El momento en que se ingieren los alimentos es una de las señales de sincronización más intensas", afirma Schibler. Sobre la base de experimentos con ratones descubrió que cambiando la hora de la comida, de la noche a la mañana, se modificaban también los ciclos de actividad genética de los órganos periféricos. Sin embargo, el reloj biológico del cerebro no es afectado. De este modo, los órganos afectados pueden acompasarse a tiempo para aprovechar el alimento, de manera análoga a como el trabajador de turno se ha de acostumbrar a los cambios de turno de día a noche, y viceversa.

La mejor hora para eliminar y desintoxicarse de alcohol, por ejemplo, es entre las cinco y las seis de la tarde. "Muchos empiezan a comprender que es de capital importancia en qué momento preciso se han de administrar los medicamentos", afirma Michael Menaker, que investiga los ritmos circadianos en la Universidad de Virginia, en Charlottesville. Él sostiene que trabajos como los de Weitz, impulsarán la todavía incipiente especialidad de la "crono farmacología".

Un vistazo al reloj Weitz y su equipo de la Harvard Medical School, sometieron a dos ratas a la acción ininterrumpida de la luz durante dos días, y compararon, durante ese tiempo, la actividad de más de 12.000 genes del corazón y del hígado. Entre el 8 y el 10% de los genes de los mencionados órganos cambiaron su actividad según un ciclo de 24 horas, lo que muestra la gran influencia de los períodos de tiempo sobre el cuerpo.

Lo curioso es que solo unos pocos genes del corazón vibraron al unísono con los del hígado. Mientras que la actividad genética en el tejido cardíaco tiende a valores máximos sincrónicos, aparecen valores máximos en los genes hepáticos por la mañana, al mediodía y por la tarde. Weitz observó a grandes rasgos lo que estos genes realmente hacen y descubrió que, a pesar de todas sus diferencias, abarcan una amplitud análoga de funciones en los tejidos; entre éstas, funciones de comunicación celular, metabólicas y de transporte. Al mismo tiempo el "reloj central" obliga a los demás relojes a "sonar" al unísono. "Marchan al compás que marca el cerebro", afirma Weitz. Pero los relojes periféricos pueden "salirse de las filas" y adoptar un ritmo propio.

El mecanismo mediante el cual el reloj central manda las señales a la periferia está todavía sin aclarar", pero los estudios realizados indican algunas posibilidades", afirma Menaker.

HELEN PEARSON