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Sensacional descubrimiento del cráneo de un Homínido
Die Zeit Online
Al norte del Chad, donde el viento corre constantemente a una velocidad de 60 km/hora sobre las dunas del desierto, un equipo de investigadores franco chadiano ha descubierto el cráneo de un homínido de hace seis o siete millones de años
El viento es el mejor amigo de esta misión científica de paleoantropólogos que desde hace años acuden cada verano a buscar los vestigios que el viento haya podido liberar de la prisión de arena del desierto: piedras, restos vegetales, fósiles, huesos. "Como nómadas cruzamos con nuestros vehículos todoterreno el desierto buscando lugares donde encontrar hallazgos", dice Mackaye Hassane Taisso, profesor adjunto de la Universidad de Ndjamena. "El año pasado el viento sopló especialmente fuerte", dice Taisso. En el lugar de excavaciones Toros- Menalla 266 un jóven colega suyo, Djimdoumalbaye Ahounta encontró repentinamente un objeto redondeado asomando de la arena. Sólo tuvo que rascar un poco para extraer un cráneo de un homínido cuyos ojos vieron el mundo de hace seis o siete millones de años.
Este fósil del Chad, presentado en el último número de la revista científica Nature, echa por tierra las teorías antropológicas sostenidas hasta ahora referentes a la historia de la humanidad. No sólo es el cráneo más antiguo hasta ahora encontrado sino que termina con las tesis hasta ahora mismo sostenidas por la paleontología académica. Termina de raíz con la tesis de un origen del hombre en África oriental, con todos los queridos troncos que se habían ideado para explicar su desarrollo y expansión.
Por otro lado, este Sahelanthropus tchadensis es una quimera, un extravagante puzzle, mezcla de características marcadamente simiescas y humanas, que nadie del mundo científico esperaba encontrar.
Sus descubridores le han bautizado Toummai, que traducido significa "valor de vivir", un nombre dado en aquellas tierras del norte del Chad a los niños que nacen poco antes de la época de sequía.
No ha sido un hallazgo aislado, ya que junto a él se han encontrado incontables restos prehistóricos de mamíferos, serpientes, peces y tortugas, en el sedimento de un arcaico lago. Por ello se ha podido datar con bastante exactitud la edad de este cráneo.
"Se trata de una bomba atómica en la teoría de la evolución", afirma el antropólogo de Harvard, Daniel Lieberman. "Un solo fósil puede cambiar radicalmente nuestras concepciones sobre los ancestros de la humanidad", afirma Bernard Wood, antropólogo de la George Washington University.
Estos calificativos no parecen exagerados: Se trata de un cráneo extraordinariamente bien conservado, a pesar de que las capas de sedimento han aplastado algo el lado derecho de la cara; pero conserva muchos detalles inesperados.
Es lo mas parecido a un salvaje mosaico extraído del taller de la evolución: a primera vista parecía un chimpancé, por su región occipital reducida (320 a 380 cm3 ) y por sus prominentes huesos encima de los ojos. Sin embargo, la parte inferior del cráneo es de una constitución mucho más delicada y los dientes son pequeños, con unos incisivos que no tienen nada que ver con los de los simios.
Algunos de sus rasgos "humanos" no se encuentran en especimenes muy posteriores, de los Austrlopithecus, y no vuelven a aparecer hasta el surgimiento de la especie Homo. Si los posteriores Australopitecidos tenían rasgos más simiescos que el mucho más antiguo Sahelanthropus, ¿cómo se encuadra esto dentro de una línea evolucionista?
Andreas Sentker y Urs Willmann





