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El Thyssen deleitará al público con 'Venus frente al espejo', exposición con obras de Rubens y Tiziano
estrelladigital.es
La muestra gira en torno al poder que el Renacimiento concede a la belleza y el reflejo de lo efímero de ésta.
La exposición, que se inaugurará en septiembre y se prolongará hasta el 26 de enero, se inscriben la serie denominada 'Contextos de la Colección Permanente' del Museo Thyssen Bornemisza de Madrid que, con ésta, ya ha realizado trece ediciones. La muestra gira en torno a dos importantes obras: Venus con Espejo, de Tiziano y Venus y Cupido, de Rubens
El primero es uno de los cuadros más famosos y emblemáticos de Tiziano, Venus con espejo, procedente de la National Gallery of Art de Washington y, en el segundo, una copia realizada por Rubens y titulada Venus y Cupido, que pertenece a la colección permanente del Museo Thyssen-Bornemisza. Ésta será la primera ocasión en la que se podrán contemplar los dos cuadros reunidos en un mismo espacio.
La comparación entre estas dos obras maestras de la pintura da pie a una exposición en la que, partiendo de un ejemplo del mundo romano, conservado en el North Carolina Museum of Art, y llegando hasta la interpretación del tema clásico por Max Beckmann, se tratará de demostrar algunos de los aspectos en los que el amor, la belleza y la vanidad aparecen reflejados en varias obras clave.
El ex director del Museo del Prado y catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense, Fernando Checa, será el comisario de esta exposición que se inaugurará en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid el 23 de septiembre y se prolongará hasta el 26 de enero, dentro de la serie denominada 'Contextos de la Colección Permanente' .
El carácter instantáneo y efímero de la belleza ha sido un tema constante en la tradición filosófica, literaria y artística de la cultura occidental; desde la Antigüedad Clásica los pintores encontraron en el motivo de la belleza reflejada en el espejo un objeto de continuada meditación, que alcanzó uno de sus puntos culminantes cuando en el Renacimiento la imagen de Venus, diosa del amor y de la belleza, se unió a un objeto que iba a ponerse de moda en este momento: el espejo.
Venus ante el espejo fue uno de los motivos iconográficos fundamentales de la pintura veneciana y, en el cuadro de Tiziano conservado en Washington, el artista hizo una de las formulaciones de mejor calidad y exquisitez de todas las épocas.
Rubens, gran admirador de Tiziano, reelaboró el cuadro en varias versiones. El contraste entre la tradición veneciana Tiziano-Rubens y la florentina de Vasari, articula el recorrido de la exposición, que hace hincapié fundamentalmente en dos temas: por un lado, el poder que el Renacimiento concede a la mirada, que encontraba en el espejo el más adecuado objeto para demostrar la superioridad de la pintura sobre cualquier otro arte y que en la exposición se pone de manifiesto en Autorretrato de Savoldo; el múltiple reflejo del protagonista rodeado de espejos convierte a este cuadro en uno de los mejores ejemplos de esta idea.
La mirada y su multiplicación especular muestra el dominio sobre la realidad, así como las posibilidades de la pintura de observar el mundo desde infinitas perspectivas. El segundo tema es el espejo como reflejo de lo efímero de la belleza y de la vanidad de las cosas agradables de este mundo. Partiendo de Tiziano, este asunto queda también ejemplificado en cuadros franceses del siglo XVII, sobre todo en las Magdalenas de La Tour.
La austeridad y contención de estas pinturas contrasta con la opulencia del cuadro de Rubens y con la lujosa imagen de intimidad del cuadro de Ter Borch prestado por el Rijks museum. Frente a este grupo de obras de pintores renacentistas y barrocos, la exposición se cierra con Marte y Venus (1939) de Max Beckmann, dónde el reflejo de una belleza moderna se trueca de una manera conceptualmente no muy distinta de la del Barroco.





