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Nuevas investigaciones reivindican el olvido
zeit.de
Investigadores de la memoria han redescubierto la virtud de un arte perdido: el olvido consciente. Quien lo domina, es capaz de guardar mejor las cosas esenciales. Quien, por el contrario, quiere acordarse de todo, es más fácil que recuerde mal las cosas.
Esta aparente contradicción tiene un antecedente de prestigio: Cuando el Dr. Watson, asombrado de las lagunas culturales de su amigo Sherlock Holmes, le introdujo a los fundamentos de la teoría de Copérnico, el maestro de detectives contestó de una manera muy curiosa: "Ahora que ya lo sé, haré todo lo posible por olvidarlo." Holmes, o mejor dicho, su creador el médico inglés Arthur Conan Doyle, describió ya en 1887 una cualidad de la mente humana, por la que la investigación del cerebro empieza a ocuparse hoy en día: la facultad de poder olvidar cosas conscientemente. Ya Conan Doyle intuyó para lo que podía servir: "Gracias a ello se puede mantener orden en el cerebro. Sólo un estúpido conserva trastos inútiles, con los que lo único que consigue es tropezar, y lo que se necesita saber queda oculto por la maraña de cosas inservibles."
Efectivamente se ha descubierto hoy en día, gracias a las investigaciones sobre el cerebro, que la memoria no tiene una capacidad de almacenamiento ilimitada. Ahora bien, esto se aplica sólo a la memoria a corto plazo, no a la de largo alcance. Mientras que esta última es prácticamente incansable, la de corta duración tiene que economizarse. Para hacer óptima la captación de información, la mente utiliza una capacidad que también le es útil en otros casos: el olvido consciente.
Esta es una capacidad recién redescubierta por los investigadores y que choca contra el concepto tradicional de memoria bien entrenada: la que lo conserva todo; y también contra la idea de que el olvido sería un enemigo del aprendizaje, una debilidad, consecuencia del envejecimiento o incluso una enfermedad. Actualmente, investigadores como el psicólogo Marcus Hasselhorn, de Göttingen (Alemania) nos enseñan las virtudes del olvido: quien se despoja de lo inútil, reserva espacio para recordar lo importante. "La facultad del olvido es una función básica y esencial de la memoria humana."
Esta capacidad altamente constructiva de la mente ha sido recientemente demostrada en un experimento notable. En dicho experimento se ha comprobado que los ancianos recuerdan menos porque no son capaces de olvidar correctamente. Para demostrar esta paradójica afirmación, se recurrió a dos grupos de personas: uno formado por jóvenes entre 20 y 35 años, y otro, por personas entre 60 y 75 años. Se les pidió que trataran de memorizar distintas palabras que se les iban presentando en la pantalla de un ordenador. Al cabo de las 16 palabras, se les dijo que el ordenador se había quedado "colgado" y que había que comenzar nuevamente el experimento con otras palabras. Por lo tanto se les pedía que ignoraran la lista anterior, para memorizar la nueva lista de palabras. Es decir, se les pedía olvidar a propósito una serie de palabras.
Al final del experimento se les pidió que recordaran, sin previo aviso, ambas listas de palabras. Lo lógico sería que las palabras "olvidadas" se recordaran peor que las que últimas. Esto fue efectivamente el caso en los participantes más jóvenes. En las personas mayores, sin embargo, no había apenas diferencia en el grado de retención de palabras "antiguas" o "nuevas". Almacenaban palabras de ambas listas indistintamente, e igual de mal…
Esto no hace sino mostrar una función positiva del olvido, pero no despeja las incógnitas acerca de este proceso. Los investigadores todavía no se ponen de acuerdo en qué sucede con la información olvidada: ¿desaparece en las profundidades de la mente o duerme en alguna parte, presta a salir cuando algún acontecimiento o estímulo lo provoca?
En todo caso, se abre un nuevo campo de investigación en el que los neurólogos, por una parte, pretenden influir en los mecanismos cerebrales mediante medicamentos o estímulos mecánicos. Pero se plantea también si no sería posible desarrollar el arte o la técnica del olvido consciente. Aunque es todavía un campo reciente en el campo de la psicología, se sabe que para ello hay que tener una fuerte convicción de que la información a olvidar es irrelevante. Otros experimentos han mostrado que la facultad del olvido se desarrolla a una edad mucho más temprana de lo que se había supuesto hasta ahora: con seis o siete años de edad.
¿Qué es lo que se deduce de todo esto? ¿Qué los niños aprenden mejor si pueden olvidar? ¿Tendrían las personas mayores que ejercitarse en la facultad del olvido? En todo caso, las consecuencias para la vida cotidiana, tanto en el desarrollo de los niños como en las personas de edad avanzada, pueden ser más amplias de lo que se pensaba.
FUENTES:
http://www.zeit.de/2003/40/Vergessen





