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Honradez a prueba de bombas

smh.com.au

Un vigilante de seguridad cuenta cómo evitó que un tesoro escondido de lingotes de oro y piezas antiguas de más de 2.100 años de edad, de valor incalculable, cayeran en manos de fanáticos. El destino del Tesoro Dorado de Bactria, una colección de 20.000 objetos, ha estado sujeto a los más fantásticos rumores: que fue robado por las tropas soviéticas, o saqueado por los talibanes para ser vendido a traficantes de antigüedades en Pakistán, para crear una red terrorista.

Honradez a prueba de bombas

Pero este tesoro permanece a salvo gracias a los esfuerzos de un solo hombre, Askerzai, que ha sido guardián de la cámara acorazada donde se guardaron, durante más de treinta años. El señor Askerzai, de 50 años de edad, empleado del Banco Central, es uno de los pocos que han visto estos 20.000 objetos de oro. "Es el mejor legado de nuestro país", ha comentado.

Las monedas, medallones, platos y collares engarzados con piedras preciosas fueron encontrados en excavaciones realizadas en 1978 en la provincia de Balkh, al norte de Afganistán, conocida como Bactria en la época en que Alejandro Magno conquistó ese territorio. "Es el mayor tesoro de oro jamás descubierto", afirmó Jim Wallis, de la oficina en Kabul de la UNESCO. "Fue como descubrir la tumba de Tutankamon".
Poco después del descubrimiento, comenzó la guerra de guerrillas contra la ocupación soviética. "El tesoro estaba guardado en el Museo de Kabul", dijo el señor Askerzai, "pero el día anterior a la salida precipitada de las fuerzas soviéticas de la capital afgana, en febrero de 1989, fue trasladado al complejo presidencial, considerado el lugar más seguro de la capital."

El señor Askerzai ayudó a almacenar el tesoro en siete cajas herméticamente cerradas y guardadas junto con los fondos del Banco Central, consistente en lingotes de oro del tamaño de un brazo, de un valor aproximado de 120 millones de dólares, que también se guardó en el palacio presidencial, en una cámara excavada en la roca.
Después de que los talibanes se hicieron con el control de Kabul, en 1996, una delegación de diez mullahs llegó para inspeccionar las cámaras. Con una pistola apuntando a su cabeza, el señor Askerzai abrió la combinación de la caja fuerte para que pudieran inspeccionar su contenido. Se encontraron con "el segundo premio", sin saber que el verdadero tesoro estaba en otra cámara por encima de sus cabezas. Los talibanes preguntaron si había más oro pero el señor Askerzai permaneció en silencio. Fue encerrado durante tres meses, durante los cuales fue golpeado y torturado, pero no reveló nada.

"No tuve miedo; no me preocupé por mi vida", dijo. La última noche en que los talibanes ocuparon el poder, metieron a toda prisa las reservas del Banco Central en contenedores metálicos y llegaron a la cámara de los lingotes. Pasaron horas intentando abrirla y el señor Askerzai observaba. Cinco años atrás, y a escondidas, había dejado la llave rota en el interior de la cerradura. Finalmente los talibanes desistieron y huyeron ante la cercanía de la Alianza del Norte.

Los talibanes no preguntaron por el Tesoro Dorado de Bactria, por una simple razón, según afirmó el señor Askerzai: por su falta de cultura y educación ignoraban totalmente el gran legado arqueológico de Afganistán y nunca oyeron hablar de ese tesoro.

FUENTES:
The Telegraph, London
http://www.smh.com.au/articles/2003/11/07/1068013394689.html