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¿Se parece el universo a un balón de fútbol?

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"¿Hay un número infinito de mundos o solamente un número limitado? Es una pregunta que pondrá en apuro al que tenga que contestarla. La opinión nuestra que nos parece la más verosímil es la de un mundo único, pero otro, mirando las cosas desde un punto de vista diferente, podría muy bien opinar de otro modo. … Quedaba una quinta combinación de elementos, de la que Dios se sirvió para trazar el plano del universo." (PLATÓN, "Timeo")

¿Se parece el Universo a un balón de fútbol?

Este cuerpo geométrico es el dodecaedro. Tras más de 2000 años, los datos del satélite de la NASA, WMAP, parecen confirmar una de las teorías más enigmáticas de Platón. El filósofo griego Platón (427 a.C. - 347 a.C) tuvo una especial predilección por los cuerpos geométricos regulares. Especialmente afirmó que el universo tenia la forma de un dodecaedro, un cuerpo semejante al de un balón de fútbol formado por doce pentágonos. Más de dos mil años después, los datos obtenidos recientemente a partir de la radiación cósmica de fondo del universo, parecen confirmar su afirmación. Esto es, al menos, lo que atestiguan los cálculos de varios investigadores franceses. Jean-Pierre Luminet del Observatorio de París y sus colegas, han presentado su teoría en la revista especializada Nature (volumen 425, página 593).

La radiación cósmica de fondo conforman algo así como las brasas que quedaron del Big Bang. Esta radiación no es completamente uniforme, como se pensaba hasta ahora, sino que muestra pequeñas desviaciones, dependiendo de la dirección hacia la que se mira en el universo. El origen de estas desviaciones de la radiación son las fluctuaciones de densidad que se originaron poco después de la gran explosión primordial y se propagaron en forma de ondas por todo el universo.

El satélite WMAP de la NASA ha estado midiendo desde hace dos años la magnitud de estas oscilaciones de la radiación, con una precisión hasta ahora nunca alcanzada. El equipo de científicos franceses ha investigado recientemente estos datos.
A cada fluctuación ondulatoria de la radiación de fondo le correspondería, al igual que a una onda acústica, determinados sobretonos. (Cada nota tocada por cada instrumento es en realidad un superposición de una serie de tonos. Un chelo tocando un La, por ejemplo, vibrará fuertemente a la frecuencia fundamental de la cuerda, digamos 110 ciclos por segundo. Pero la cuerda también vibra a múltiplos exactos de esa fundamental: 220, 330, 440, 550, 660, 770, 880, etc. Estas vibraciones extra son llamadas "sobretonos armónicos" de la frecuencia fundamental.) Poniendo un ejemplo: la cuerda de un piano no vibra solamente en toda su longitud sino que también produce tonos en la mitad de su longitud, en la tercera parte, etc. La ponderación relativa de estos tonos es característica para cada cuerda. Por ello, a partir del especto de frecuencias de los tonos se puede determinar la constitución física de las cuerdas de un piano.

Siguiendo el mismo principio, a partir del espectro de los tonos en la radiación de fondo del cosmos, los investigadores franceses han obtenido información acerca del universo.
Lo más llamativo que han detectado en este espectro de frecuencias, es que a partir de una cierta magnitud faltan ondas largas. En un universo supuestamente infinito, que es el modelo estándar que sostiene la cosmología, no debería haber ningún impedimento para que existan esas ondas larga. Mientras que una campana no puede producir tonos tan bajos, cuya longitud de onda se mayor que la propia campana, en un universo infinito no debería haber esta restricción y deberían existir ondas de cualquier longitud. Algunos cosmólogos afirman que debe haber alguna ley física no descubierta que impida este fenómeno.

Pero Luminet y sus colegas han escogido el camino más directo: Han tomado los datos tal como se producen, y a partir de éstos, calculan la forma que debería tener el universo para producir ese espectro. El resultado, curiosamente, es el equivalente cuatri-dimensional del dodecaedro de Platón, el llamado espacio dodecaédrico de Poincaré. En lugar de la "superficie balompédica" de doce pentágonos se trata ahora de una hipersuperficie tridimensional de 120 dodecaedros. Esta hipersuperficie es nuestro universo. Constituye la superficie tridimensional de un "balón de fútbol" cuatridimensional y, por ello, está cerrada. Según esto, el universo no sería infinitamente grande sino de una magnitud limitada.

Luminet y sus colegas esperan que el satélite ESA, cuyo lanzamiento se prevé para enero de 2007, dará la respuesta definitiva. "Desde la antigüedad el ser humano se ha preguntado si el universo es finito o infinito. Después de más de dos milenios los datos observados pueden proporcionar una respuesta definitiva."

FUENTES:
http://www.wissenschaft.de/wissen/news/229910