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¿Nos juzgamos bien nosotros mismos?

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Si usted piensa que es un buen conductor o un mal bailarín, piénselo de nuevo. Hay buenas probabilidades de que estemos equivocados. El clásico aforismo "Conócete a ti mismo" tiene una aplicación más práctica de lo que comúnmente se cree. Recientes investigaciones de la Escuela Empresarial de la Universidad de Michigan, la Universidad Duke y la Universidad de Chicago, así lo constatan.

¿Nos juzgamos bien nosotros mismos?

La mayoría de nosotros suponemos que podemos juzgar con bastante exactitud nuestras habilidades y capacidades personales en comparación a las de nuestros semejantes; pero recientes investigaciones sugieren que, de hecho, somos malos juzgadores de nuestro talento, cuando nos comparamos con los demás. En este estudio se muestra que personas de todos los niveles de capacidad, -desde los de más éxito y talento hasta los de más pobres resultados- muestran un grado similar de inexactitud y predisposiciones parecidas al hacer comparaciones interpersonales.

Estos errores de juicio están ligados a las percepciones acerca de la dificultad de una tarea asignada. Cuando la tarea encomendada parece más difícil, los de mayores capacidades infravaloran su valía en comparación a otros, dando como resultado predicciones inexactas acerca de dicha valía. Cuando la tarea a realizar parece más fácil, las personas con menos capacidades demostradas, sobrestiman su valía, resultando igualmente erróneas sus apreciaciones.

"Los juicios acerca de las habilidades relativas, juegan un papel importante en decisiones a tomar en actividades competitivas, obtención de beneficios y servicios y para llevar a cabo retos y desafíos", afirma Katherine Burson, profesora de marketing de la Escuela Empresarial de Michigan. "La sobrevaloración de nuestras habilidades puede llevar a la frustración, a pérdidas e incluso a lesiones físicas, como en el caso de un esquiador novel que se atreve a ir por pistas sólo para expertos. Por otra parte, también hay ámbitos importantes de la vida en que se infravaloran las propias capacidades, lo que tiene como consecuencia que dichas personas no puedan participar en algo en que habrían tenido éxito."

Burson y sus colegas Richard Larrick de Duke, y Joshua Klayman de Chicago, llevaron a cabo una serie de experimentos en que se realizaban diez tareas que incluían preguntas tipo concurso, trivials y juegos de palabras, en tres fases separadas, en un esfuerzo por investigar el proceso cognitivo que subyace a los juicios sobre la comparación de las facultades entre personas. Las tareas se clasificaban en fáciles, de moderada dificultad y gran dificultad, y los participantes del experimento se clasificaban de acuerdo a sus reales capacidades.

El experimento reveló que tanto los participantes expertos como los de menores capacidades se equivocaban de manera muy parecida al estimar su actuación en comparación con la de los demás. Sin embargo, el saber exactamente quien acertaba más o menos en su valoración, dependía de la dificultad de la tarea.

En tareas más complicadas, los participantes menos "hábiles" esperaban hacerlo mal, lo que efectivamente ocurría, acertando así en la estimación de su habilidad. En este caso, los participantes menos hábiles acertaron en su valoración; no así los participantes más hábiles, que, por el contrario, infravaloraban sus resultados, creyendo hacerlo peor de lo que lo hicieron, no acertando así en su estimación.

Cuando las tareas eran consideradas más fáciles, el resultado se invirtió: los participantes más capaces, estimaron mejor su capacidad de acierto; no así los participantes menos hábiles, que sobrevaloraron su capacidad, pensando que lo hicieron mejor de lo que lo habían hecho.

Los investigadores no encontraron ninguna evidencia de que los resultados dependieron de alguna falta de conocimiento por parte de los participantes menos hábiles, lo que llevó a la conclusión de que juzgar las propias capacidades es difícil, independientemente del nivel de capacidad.

FUENTES:
http://www.umich.edu/news/index.html