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Música y cerebro
sciam.com
¿Cuál es el secreto del extraño poder de la música? Buscando una respuesta, los científicos están juntando las piezas del rompecabezas de lo que sucede en los cerebros de los oyentes y músicos.
La música nos rodea y no quisiéramos que fuera de otro modo. Un estimulante crescendo de una orquesta nos puede hacer saltar las lágrimas o hacer estremecer nuestro cuerpo. Las bandas sonoras de las películas incrementan el efecto emocional de las mismas. Mediante la música, la madre acuna y tranquiliza a su bebé.
Nuestra afición viene de lejos: hemos estado haciendo música desde los albores de la civilización. Hace más de 30.000 años los seres humanos ya tocaban flautas hechas de huesos, tambores y otros instrumentos de percusión y tocaban arpas. Todas las sociedades conocidas del mundo han tenido música. Al parecer, nuestro aprecio por la misma es innato. Bebés de dos meses de edad ya tienden a juntar consonantes o sonidos agradables y a rechazar los disonantes. Y cuando el desenlace de una obra sinfónica nos hace estremecer, se activan los mismos centros cerebrales que cuando se ejercen las más placenteras actividades humanas.
Ello supone un misterio para la biología. ¿Por qué la música, tan universalmente querida y poderosa por su único poder de provocar emociones, es tan penetrante e importante para nosotros?
Más allá de las múltiples teorías que han querido justificar esa importancia, los neurocientíficos aún no tienen la respuesta. Pero desde hace poco tiempo se ha empezado a comprender mejor cómo y dónde se procesa la música en el cerebro.
Generalmente, las investigaciones realizadas sobre pacientes con daños cerebrales y sobre personas sanas, han dado por resultado, inesperadamente, que no hay un "centro" localizado en el cerebro que esté especializado en la música. Más bien, la música implica y abarca diversas áreas distribuidas por el cerebro, incluyendo algunas áreas que normalmente están implicadas en otro tipo de cognición. Las áreas activas varían según la experiencia individual y el entrenamiento musical. No obstante ello, el oído es el órgano sensorial que menos células sensitivas tiene (unas 3.500), mientras que el ojo contiene unos 100 millones de fotorreceptores. Sin embargo, nuestra respuesta mental a la música es muy capaz de adaptarse; incluso un poco de estudio puede "volver a afinar" la manera en que el cerebro registra y combina las señales sonoras.
Música interna
Hasta el advenimiento de las modernas técnicas de escáner, los científicos recogían con dificultas los datos acerca de las tareas internas del cerebro con relación a la música. Principalmente se estudiaba a pacientes -incluyendo a compositores famosos- que habían experimentado alguna perturbación cerebral, ya sea por accidente, lesión o enfermedad. Por ejemplo, en 1933, el compositor francés Maurice Ravel comenzó a presentar los síntomas de lo que podía ser una degeneración cerebral focal, una perturbación en que determinadas áreas cerebrales sufrían una atrofia. Sus habilidades cognitivas permanecían intactas: podía escuchar y recordar sus propias composiciones y tocas escalas de sonidos. Pero no podía escribir la música. Hablando acerca del proyecto de su última obra "Juana de Arco", confesó a un amigo: "--- esta obra está dentro de mí, en mi cabeza. La escucho, pero jamás la podré escribir. Se acabó. Ya no puedo escribir mi música." Ravel murió cuatro años después, tras un infructuoso procedimiento neuroquirúrgico.
El caso de otro compositor, sugirió que la música y el habla son procesos diferenciados, independientes. Después de sufrir un accidente, en 1953, Vissarion Shebalin, un compositor ruso, ya no podía hablar ni entender el lenguaje, aunque retuvo la capacidad de escribir música hasta su muerte, ocurrida diez años más tarde.
Así, la suposición de que se trate de procesos independientes parece haber ganado fuerza, aunque más recientes investigaciones han dado una comprensión más matizada del fenómeno, respecto a dos cosas que música y lenguaje comparten: ambas son formas de comunicación, y cada una tiene su sintaxis, su conjunto de normas que gobierna la combinación apropiada de elementos (notas y palabras, respectivamente).
Según Aniruddh D. Patel, del Instituto de Neurociencias de San Diego, los resultados de escáner sugieren que una región en el lóbulo frontal permite la construcción adecuada de la sintaxis a la vez en la música y en el lenguaje, mientras que otras partes del cerebro tienen que ver con aspectos determinados del proceso del lenguaje y de la música.
FUENTES:
Norman M. Weinberger
http://www.sciam.com





