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¿Qué pasó hace 11.500 años?
tagesspiegel.de
Diez años tras su descubrimiento, salen a la luz nuevos enigmas acerca del hasta ahora lugar de culto religioso más antiguo del mundo. Han aparecido restos de lo que puede ser también el más antiguo sistema de signos. "Es evidente que aquí unos seres humanos quisieron comunicar algo a otros de una manera perdurable", comenta el arqueólogo Klaus Schmidt.
Lo asombroso y sorprendente es la edad de estos signos: Hace 11.500 años "primitivos"prehistóricos tallaban signos y noticias en la piedra, que otros podrían "leer", como sus vecinos los antiguos egipcios. De todas maneras, el investigador Schmidt rehuye utilizar la expresión "escritura", pero admite sin ningún problema la de "jeroglífico". Jeroglífico, al fin y al cabo, no significa más que "signos sagrados" (hieros glyphos).
En este lugar, en Göbekli Tepe (Anatolia) al sudeste de Turquía, en medio de la soledad de un desierto de piedra caliza, se descubrió hace un decenio una gran cantera de extracción y fabricación de objeto de silex. Desde toscos objetos de silex hasta finamente trabajadas puntas de flecha, se encontraron en un amplio terreno testimonios de una fabricación intensiva de objetos y armas de piedra.
Varios enigmas rodean este extraño lugar: en primer lugar se trata de un montículo (Göbekli Tepe significa montaña-ombligo) en cuya cima no se encuentra el preciado silex, que fue arrastrado trabajosamente a la cima del monte, unos 400 metros hacia arriba. Mientras los arqueólogos cavilaban por la razón de este extraño hecho, toparon las excavaciones a unos centímetros debajo de la superficie pedregosa con unos pilares de piedra. Se trataba de columnas de unos tres metros de altura y excavadas de una pieza a partir de la roca de la cima. Hasta ahora se han extraído a la luz 39 de estas columnas, aunque las prospecciones geomagnéticas indican que debe haber unos 200.
La siguiente sorpresa fue que se estos monolitos están cubiertos de relieves grabados y pulidos con figuras de animales. En el curso de las excavaciones se encontró toda un arca de Noé de figuras: patos, zorros, toros, serpientes, jabalíes, gacelas, grullas, ciempiés y un león. Las estelas se encuentran en los muros de habitáculos cuadrados o redondos, con pavimento de terrazo bien elaborado. Especialmente dos monolitos destacan del conjunto: se trata de pilares de seis metros de altura y 50 toneladas, que se alzan en el centro. Indudablemente se trató de un centro sagrado y por ello no es descabellado considerar los signos como "jeroglíficos".
Hay una incógnita que rodea este lugar: Rebate manifiestamente la opinión generalizada de que la arquitectura monumental y la vida espiritual sólo se desarrollaron con el surgimiento de culturas sedentarias, el cultivo de la agricultura y la ganadería. Esta revolución neolítica tuvo lugar alrededor del 7.500 a.C., es decir, dos mil años después Los constructores de la Montaña del Ombligo no eran ganaderos, sino supuestamente cazadores y recolectores que no practicaban la cerámica, y vivían "con una mano delante y otra detrás". Pero, al parecer, se ocupaban de los problemas del "más allá".
Buscando restos más o menos cercanos, tenemos las murallas de Jericó, en Palestina, que son de la misma época, pero donde no encontramos ni pilares de piedra ni tan elaborado pavimento, ni repr3esentaciones artísticas. El conocido lugar de Catal Höyük, en el centro de Anatolia, prototipo de las primeras ciudades, fue construido 2.500 años más tarde.
El arqueólogo Schmidt interpreta Göbekli Tepe como un grandioso espacio sagrado dedicado al culto de los muertos. Se basa para ello en que no se han encontrado ningún vestigio de haber sido habitado: no hay objetos de uso cotidiano, ni viviendas, ni hogares, ni tampoco tumbas. El ser humano estuvo ahí, pero no vivió ahí. Posiblemente se reunieron ahí, para la construcción del templo o para celebrar rituales.
Otra incógnita: Este lugar nunca fue destruido ni por la mano del hombre, ni por las inclemencias de la erosión u otras catástrofes: simplemente fue enterrado por la mano del hombre, con tierra y piedras. La superficie quedó lisa, tabú, nunca fue utilizada después ni en sus cercanías. ¿Qué asó? Aquí es donde toca encogerse de hombros y suponer. Quizás cambiaron las circunstancias, los rituales, o fueron desplazados por otros grupos.
Ninguna de las culturas posteriores de la región alcanzó la elevada conciencia cultural de este pueblo. Posteriores pueblos se asentaron en las cercanas llanuras, estableciendo culturas agrarias, donde se cultivó la ganadería y cultos dedicados a la Diosa Madre, representada por figuras femeninas de prominentes senos y anchas caderas. La singularidad de este lugar hace imposible su comparación con nada parecido, ni mucho menos un sistema de signos de más de 11.000 años.
En muchos de los relieves se han descubierto signos abstractos, geométricos como la H vertical o horizontal, líneas horizontales, cabezas estilizadas de toro, zorro, serpientes enroscadas y arañas. Se ha empezado a intentar ordenarlos y se sabe que los pictogramas frecuentemente están agrupados de distintas maneras, lo que sugiere algo más que mera decoración.
Es indudable que estos y futuros hallazgos provocarán una verdadera conmoción en el mundo académico y quizás nuevas sorpresas.
FUENTES:
Michael Zick (traducción por Rolando Sierra L.)
http://archiv.tagesspiegel.de/archiv/08.04.2005/1745763.asp
http://www.gik.uni-karlsruhe.de/258.html





