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Montañas de la creación: El nacimiento de las estrellas
cnn.com
La última imagen captada por el telescopio espacial Spitzer ha aportado a los investigadores estadounidenses de la NASA nuevos datos sobre el proceso de formación de las estrellas. Obtenida por los "ojos infrarrojos" de este gran observatorio espacial, la fotografía revela montañas y columnas de polvo cósmico en las que brillan estrellas jóvenes. En concreto, la imagen corresponde a la zona este de una región conocida como W5, dentro de la constelación de Casiopea, que está situada a siete mil años luz. Se trata de una zona dominada por una única estrella masiva, que se encuentra fuera de la fotografía y está indicada por una de las columnas que aparecen en forma de dedo.
La imagen observada por los sensores infrarrojos del Spitzer recuerda en gran medida a otra tomada por el Hubble de la Nebulosa del Águila en 1995 y que recibió el título "Pilares de la Creación". Pero en aquella ocasión la fotografía, captada en luz visible, mostraba torres oscuras rodeadas de halos luminosos y resultó imposible percibir las estrellas interiores a causa de las murallas de polvo.
Durante años, la mayoría de los astrónomos ha imaginado que el Sol y el sistema solar se formaron en un aislamiento relativo, escondidos en un tranquilo y oscuro rincón de una algo menos que imponente nube interestelar. La nueva teoría desafía este concepto tradicional, sosteniendo en lugar de eso que el Sol se formó en un ambiente nebular violento, un sub-producto del caos producido por una intensa radiación ultravioleta y las poderosas explosiones que acompañan la corta pero espectacular vida de las luminosas estrellas masivas.
Si los trabajos futuros la sostienen, esta visión de nuestro nacimiento cósmico podría tener profundas implicaciones para nuestra comprensión de todo, desde el tamaño y la forma de nuestro sistema solar hasta la configuración física de la Tierra y el desarrollo de la química de la vida.
"Hay dos tipos diferentes de ambientes para la formación de estrellas de poca masa, como el Sol", explicó el astrónomo de la ASU Jeff Hester, el autor líder del ensayo. "En uno de los tipos de ambiente de formación estelar, hay un proceso bastante tranquilo en el cual una nube molecular colapsa lentamente, formando una estrella por aquí... y otra por allá... El otro tipo de ambiente es radicalmente diferente. Son regiones mucho más masivas que forman no solamente estrellas de poca masa, sino que también producen estrellas luminosas y de gran masa".
Estas regiones más masivas son muy diferentes porque, una vez que se ha formado una estrella de gran masa, comienza a emitir cantidades enormes de energía que a su vez cambian completamente la forma en que se generan las estrellas como el Sol en ese ambiente. "Por mucho tiempo, la gente ha imaginado que el Sol se formó en el primer tipo de ambiente, más tranquilo", anota Hester, "pero creemos que tenemos evidencias convincentes de que ése no es el caso".
Ahora, las últimas imágenes de Spitzer han permitido captar la luz infrarroja procedente de esas estrellas, que escapa a través del polvo.
En ambos casos, aparecen nubes en las que se forman estrellas a partir de gas caliente que ha sido esculpido en columnas por las radiaciones y los vientos cósmicos. Sin embargo, las columnas de la imagen del Spitzer son enormemente grandes. Miden más de diez veces el tamaño de la Nebulosa del Águila y en conjunto parecen una cadena montañosa. La mayor de esas columnas muestra cientos de estrellas en estado embrionario, jamás vistas hasta ahora, y la segunda mayor también contiene docenas de estrellas en proceso de formación.
Según Lori Allen, que dirige las investigaciones desde el Centro de Astrofísica de Harvard, los científicos creen que "esos grupos de estrellas que iluminan los extremos de los pilares son esencialmente descendientes de la gigantesca estrella principal de la región". En su opinión, "parece que la radiación y el viento de la estrella masiva empuja a las nuevas estrellas a formarse".
Los investigadores creen que los pilares podrían convertirse en lo suficientemente densos para dar nacimiento a una segunda generación de estrellas, que a su vez podrían tener generaciones sucesivas.
Respecto al acertado y misterioso nombre con que se han designado estas formaciones galácticas, es curioso referir que en muchos pueblos antiguos la montaña tenía un carácter sagrado, como centro/eje del mundo organizado.
Los sacerdotes romanos inspiraron ciertas reproducciones de Atlas, el que con la esfera del cielo sobre sí (o de la Tierra según otra versión), sus brazos extendidos por debajo de la misma y sus pies hundidos en la Montaña Mágica, constituye la vieja Tau o Ankh, por estar enriquecido por el elemento esférico sobre su doblada cabeza.
Los mayas clásicos buscaban reproducir el paisaje sagrado del mito de la creación del mundo, y esta duplicación en la arquitectura del espacio y tiempo de la creación santificaba toda actividad desarrollada en su interior: así, el diseño del eje norte-sur de la plaza central es un arreglo simbólico donde la superficie de la plaza representa el mar primordial y los basamentos piramidales montañas sagradas, donde moraban los ancestros y deidades.
FUENTES:
http://edition.cnn.com/2005/TECH/space/11/09/dust.clouds/
http://axxon.com.ar/not/156/c-1560175.htm
http://www.astroseti.org/vernew.php?codigo=331
http://www.todoarquitectura.com/v2/foros





