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Conservar la diversidad
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En el foco de la conferencia de protección de la naturaleza en de la ONU se hallan la protección de las especies y la biodiversidad. Achim Steiner, el director ejecutivo de PNUMA, exige un decisivo paso adelante en el uso sostenible de la biodiversidad en la Tierra.
Para muchos habitantes del hemisferio norte del planeta, mayo es un mes de festejos, optimismo y esperanza. En ese marco tendrá lugar en Bonn la 9.ª Conferencia de las Partes de la Convención sobre la Diversidad Biológica del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Gobiernos y delegados deberán responder a la cuestión de si ese tratado para la protección de la vida en el planeta, firmado hace 16 años, puede ser desarrollado rápida y eficazmente, de tal forma que se transforme en una respuesta adecuada a los acuciantes desafíos del siglo XXI.
Mida como se mida, un hecho incontestable es que una parte demasiado grande de la biodiversidad biológica del mundo y sus ecosistemas, también importante económicamente, parece sucumbir irremediablemente. Las promesas manifestadas en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible en Sudáfrica y en 1992 en Río de Janeiro, donde surgió la Convención sobre Biodiversidad, no fueron cumplidas e incluso en numerosas oportunidades quebrantadas sistemáticamente. Ello es subrayado en el informe del PNUMA publicado a fines de 2007 “Perspectivas del Medio Ambiente Mundial 4”. En el informe se lee que hoy las especies desaparecen 100 veces más rápidamente que antes, tal como se puede constatar del estudio de restos fósiles del pasado. Ello es una consecuencia del accionar humano. En el importante grupo de los animales vertebrados, detalladamente analizado, más del 30 por ciento de los anfibios, el 23 por ciento de los mamíferos y el 12 por ciento de las aves están amenazados de extinción. Son cifras deprimentes. Los llamados de alarma se multiplican, y ello desde hace décadas, sin que la comunidad internacional reaccione como corresponde.
Sería falso afirmar que nada se ha hecho en los últimos años. Más del doce por ciento de la superficie del planeta se halla protegida en forma de reservas naturales y parques nacionales. Pero los esfuerzos no son suficientes, al igual que en muchas cuestiones de sostenibilidad a nivel mundial. 2008 debe ser un año de éxitos en la sostenibilidad de la biodiversidad en el mundo. Bonn es el escenario en el que deben ser logrados esos éxitos.
Alemania recuperó para la agenda política internacional el tema de la biodiversidad durante el proceso del G-8. En 2007, Alemania fue anfitriona de una importante reunión de ministros en Potsdam. Esas conversaciones llevaron a la Declaración G-8 + 5 de junio en Heiligendamm. En esa declaración se lee con vistas al año 2010: “Resaltamos la decisiva importancia de la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica como base esencial para asegurar a largo plazo las funciones vitales del ecosistema y los recursos naturales para la economía mundial.” En la Conferencia de las Partes en Bonn se planea además presentar un informe encargado por la Comisión Europea acerca de las consecuencias económicas de la pérdida de biodiversidad. El documento se basa en el “Millennium Ecosystem Assessment”, un estudio de 1300 científicos y expertos publicado en el 2005, en el que el PNUMA tuvo una participación decisiva.
Uno de los más fuertes impulsos para una economía sostenible parte quizás del cambio climático: la destrucción de bosques genera alrededor del 20 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. En la más reciente Conferencia de la Convención Marco, en Bali, Brasil informó cómo redujo la tasa de desmonte en la Amazonía en más de un 50 por ciento: con el control a través de satélites y una mejor aplicación de las leyes. Brasil combina así muy eficazmente dos de los tres pilares de la Convención sobre Diversidad Biológica: la conservación y el uso sostenible de las bases de la vida. La Hoja de Ruta de Bali promete mucho a favor de la biodiversidad y los ecosistemas. La reducción de las emisiones derivadas del desmonte es ya un componente del régimen de protección del clima para después del 2012. Noruega anunció apoyar esos esfuerzos con casi 3000 millones de dólares en los próximos cinco años.
La conferencia de Bali mostró también cuán importante es controlar la emisión de gases de invernadero de los humedales. El desmonte, secado y quema de la vegetación de humedales libera más de tres mil toneladas de anhídrido carbónico por año. Ello corresponde a casi el diez por ciento de las emisiones mundiales provenientes de combustibles fósiles. Esas cifras son mencionadas en el estudio “Assessment on Peatlands, Biodiversity and Climate Change”. Conservar los humedales y aprovecharlos prudentemente, se lee en el informe, ofrece una irrenunciable oportunidad para amortiguar el cambio climático y asegurar la biodiversidad. En la Hoja de Ruta de Bali se esboza además una duplicación de pequeños proyectos de reforestación, con el objetivo de apoyar la transferencia de tecnología. Según el PNUMA, la transferencia de tecnología debe abarcar tanto “técnicas duras”, por ejemplo las energías renovables, como “técnicas blandas”: capacidades, conocimientos y técnicas de gestión. Además, la infraestructura, la agricultura y los sistemas de salud deben ser adaptados a un mundo condicionado por el cambio climático. Viceversa, inversiones deben dedicarse también a la adaptación de la biodiversidad y los ecosistemas.
El cambio climático dirige la mirada hacia la importancia económica de la biodiversidad y los recursos naturales y hacia nuevos y creativos mecanismos para revertir la degradación. Pero las soluciones a través de la protección del clima no son la última palabra. Entre las causas de la amenaza a especies animales enteras se cuentan también las formas de consumo y producción humanas no sostenibles. Otro factor es el comercio distorsionado.
El acceso a los recursos genéticos y un reparto equitativo de los beneficios derivados del aprovechamiento de esos recursos están todavía poco desarrollados. La regulación del Acceso y Participación en los Beneficios (ABS), el tercer pilar de la Convención sobre Biodiversidad, no logra hacer realidad todavía las mejoras a las que se aspiró cuando se redactó la Convención. No obstante, también en esa área se constatan alentadores progresos. Iniciativas en ese sentido puede recurrir a las “Directrices de Bonn” o el Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura. La UE ha resaltado nuevamente apoyar el desarrollo de un régimen internacional de ABS. Cuestiones aún no resueltas sobre patentes, el papel de los conocimientos locales y el ABS no pueden justificar la inactividad. Al contrario, deberían ser un estímulo para arribar a un eficaz consenso. Quizás en Bonn los delegados puedan hacer florecer esos planes y alcanzar el objetivo de revertir hasta el 2010 la tasa de pérdida de biodiversidad.
Nueva Acrópolis, a través de del Grupo de Ecología Activa, está participando en una de las iniciativas de PNUMA, "Plantemos para el Planeta". Más información en:
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Fuentes:
Achim Steiner
www.magazine-deutschland.de





