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8 Feb 2010
el sol perezoso
Había una vez un sol al que le costaba muuuucho levantarse por las mañanas. Empezaba a amanecer casi sin ganas, muy despacio y, algunos días, hasta se volvía a acostar, dejando totalmente despistados a los habitantes del borde del mundo. Luego, al rato, volvía a sacar una pierna gaseosa de luz brillante y decidía, finalmente, levantarse del todo y dar una vuelta alrededor del mundo de la tierra, de todo el mundo de la tierra, para que fuese de día en cada uno de sus puntos y todo pudiese funcionar.

El sol sabía que si él no salía tendría muchas quejas en forma de súplicas, rezos, maldiciones, y todas esas cosas que lanzaban las personas de todos los puebles cuando no todo iba justo como querían. Era consciente de que si algún día se quedaba en la cama, como muchas veces le apetecía, nada funcionaría. Todo dependía de él, en realidad, absolutamente todo. Muchos días eso era lo que le hacía seguir adelante, aunque a veces, estando él solo con sus pensamientos, se daba cuenta de que ser tan importante le cansaba un poco.

Un día el sol se puso malito. No estaba seguro de si le dolía la cabeza o alma, pero tenía muy alta la temperatura. Intentó un par de veces amanecer, pero al final le venció la desidia y se quedó todo el día en la cama. No quería ni imaginar lo que ocurriría. Algo horrible, seguro, pero él aún así no quería salir.
Sin darse cuenta se quedó dormido porque, en realidad, estaba muy cansado de llevar una vida tan rutinaria y aunque llena de responsabilidades, poco elegida, y a las horas despertó. Su primera idea era bonita, todavía con un pié en el sueño, pero pronto recordó que hoy no había hecho lo que debía y le entró una intranquilidad terrible.
Abrió un ojo y no pudo ni creerse lo que vió: en algunos lugares de la tierra era de día!!!
Abrió el otro ojo en seguida y se quedó completamente fascinado por todo lo que estaba pasando. Definitivamente, era de día!!! La tierra y todos los demás planetas estaban girando al rededor suyo. Y cada uno llevaba, exactamente, el ritmo que necesitaba, tomaban de él su luz aunque estuviese dormido, malito o despistado. Cada uno hacía su camino y seguía vivo, teniendole en cuenta como algo muy importante para la vida de todos aquellos planetas.
Ni se habían enfadado con él, ni nada malo había pasado porque el sol no fuese a trabajar un día.

Al principio, no sabía qué pensar, en realidad, sería que no le necesitaban? Se estarían aprovechando de él sin tener en cuenta que no se encontraba bien?
Entre tanta confusión, recordó la frase de su abuela, una abuela que él había tenido y que le cuidó millones y millones de años. La frase decía algo muy simple -si no te gusta lo que ves, cambia de posición-.
Así que el sol dejó de pensar mal de todo lo que estaba ocurriendo y se paró a mirar bien las cosas.
De repente...., se dió cuenta de que nunca había sido necesario salir a dar esas vueltas al rededor del mundo, de repente se dió cuenta de que lo único que tenía que hacer era ser él mismo, encontrar su sitio y brillar tal como su naturaleza era. En realidad, siempre habían fundionado las cosas como este día, pero él se sentía lo más importante del universo y trabajaba y trabajaba para los demás sin acordarse de sí mismo, pero sin recordar por qué lo hacía.

Ahora el sol decidió dedicarse a estar muy centrado, a hacer las cosas que de verdad le gustaban que son las que mejor le salen y por ello las que más aportan a todos, y a dejar que cada uno tome su propia órbita, ya que es ser más responsable con ellos dejar que lo hagan.
Ahora les miraría muy sonriente y tranquilo desde ese lugar en el que se encontraba tan a gusto que podía aportar más que desde ningún otro: su centro.
 
Buscando a Sofía
publicado por  Altea a las  07:47 | Enlace permanente | comentarios [0]



29 Ene 2010
IGUALDAD
Recuerdo un compañero de trabajo que, a propósito de una conversación sobre música, en la que yo calificaba a Beethoven como un genio, me decía:

- Bueno, sí, es cierto, Beethoven sabía mucho de música, pero también es cierto que yo no sé nada de música, pero sí sé mucho de banca.

Recuerdo que no seguí la conversación. ¡Igualaba su genio al de Beethoven!

Yo creo, y la practico en mi vida diaria, a mi nivel, claro, en la igualdad. En la igualdad de posibilidades de las almas humanas. Y creo que no es menos un genio porque sea blanco ni negro ni amarillo, ni porque sea semita, gitano, europeo o americano, o australiano. Ni porque sea heterosexual u homosexual. Ni porque sea cristiano, musulmán, budista o animista. Ni porque sea monárquico, republicano, anarquista, ni lo que quiera ser. Ni porque sea guapo, feo, alto, bajo, hombre, mujer, joven, anciano, pobre, rico, noble o plebeyo.

Creo que existe una confusión sobre la igualdad. Y la confusión estriba en considerar que todos somos iguales, sin más adjetivos. Ni mi sentido común, ni mi experiencia en la vida pueden admitirlo.

De ser así nadie buscaría con mucho cuidado quien va a ser el cirujano que le abra el pecho para operarle el corazón.
Ni nadie buscaría el mejor profesor de inglés si quiere aprender esa lengua.
Ni nadie pediría consejo sin buscar antes a la persona conocida a la que considere de mayor sabiduría de la vida.
Nadie iría a un restaurante sin antes informarse si el cocinero es buen cocinero, si los camareros atienden bien, y si el local es limpio y acogedor.

No, no. No todo es igual. No todos somos iguales…
Creo en que un genio o un sabio no es igual a un mediocre o un ignorante. Y creo que todos lo sabemos. Y creo que igualar al uno con el otro es absurdo e injusto. Prefiero tener amigos geniales y sabios, y quizá yo lo sea para otros, y estos otros para otros más. Quizá la verdadera hermandad consista en ayudarnos los unos a los otros a crecer en sabiduría y bondad.

Y si queremos imponer por decreto o por imposición de ideas esta absurda igualdad, resultará que no sería posible la libertad de elección de nuestros amigos, de nuestros médicos, de nuestra señora, de nuestros músicos preferidos, etc. etc. Al fin y al cabo, todos son iguales… ¡qué más da!

El ignorante habría que igualarlo al sabio, el malo al bueno, el delincuente al honrado, el amable al antipático, y así, todos los ejemplos que imaginéis.
Un totum revolutum…

Como muchos otros de hoy en día, esto es un mito, en su sentido de falsa fantasía. Si así fuera en la Naturaleza, los ríos no correrían, ni las nubes viajarían, ni habría rayos, ni lluvia, ni tampoco ninguna semilla se molestaría en germinar.




 
Filosofía cotidiana
publicado por  Abraxas a las  23:54 | Enlace permanente | comentarios [5]



24 Ene 2010
Demasiado viejo para...
Querida Eva,

son ya varias las veces que te he invitado, dado que te conozco y sé que te gustará, a asistir a un curso, corto pero interesante, sobre filosofía. A pesar de que sólo son unos pocos meses durante los cuales podrás echar un vistazo a la filosofía y cultura de varios países, durante diferentes periodos históricos, estoy seguro que te ayudará a entender a otras personas y a ti misma.

Pero siempre te has excusado diciendo que no tienes tiempo, o incluso últimamente, dices que ya eres demasiado mayor para estas cosas. Te recuerdo que con la misma excusa nunca has realizado ninguno de tus sueños desde que te conocí con poco más de veinte años. Has dejado pasar muchas oportunidades para realizar algunos de tus sueños como: aprender a pintar, aprender inglés para poder viajar, que tanto te gusta, de aprender cocina china, y, no puedo dejar de mencionar, tu gran ilusión por navegar a vela.

De mi mano sólo quiero decirte que la falta de tiempo no es un motivo para dejar de hacer algo, sino lo contrario, contra menos tiempo nos quede más rápidamente debemos lanzarnos a nuestras pequeñas o grandes ilusiones y sueños.

Como sé que a mí no me harás mucho caso, aquí te dejo las palabras que el filósofo Epicuro escribió en una carta a su amigo Meneceo. Dice así:

"Nadie por ser joven vacile en filosofar ni por hallarse viejo de filosofar se fatigue. Pues nadie está demasiado adelantado ni retardado para lo que concierne a la salud de su alma. El que dice que aún no le llegó la hora de filosofar o que ya le ha pasado es como quien dice que no se le presenta o que ya no hay tiempo para la felicidad. De modo que deben filosofar tanto el joven como el viejo: el uno para que, envejeciendo, se rejuvenezca en bienes por el recuerdo agradecido de los pasados, el otro para ser a un tiempo joven y maduro por su serenidad ante el futuro. Así pues, hay que meditar lo que produce la felicidad, ya que cuando está presente lo tenemos todo y, cuando falta, todo lo hacemos por poseerla."

Epicuro: Carta a Meneceo
 
Filosofía cotidiana
publicado por  rafa a las  11:59 | Enlace permanente | comentarios [3]



17 Ene 2010
Ayuda a Haití
Ayuda a Haití
 
Fotosofía
publicado por  Quijote a las  20:42 | Enlace permanente | comentarios [1]



8 Ene 2010
Hoy es primavera
No lo notáis?, no lo véis?, incluso aquellos a los que la nieve les topa el sombrero, no lo sentís?

El sol no brilla en el cielo sino en todo lo demás, lucen los rostros, lucen los charcos que hoy son azules, las nubes trasladan los sueños de un mundo a otro. Los edifícios no son límite hoy, son camino. Las personas no piensan en lo mismo, toman decisiones, cumplen deseos.

Tus amigos son amigos de sí mismos, tus padres son padres de sí mismos, tus hermanos son tus amigos, tus amigos son tus hermanos, tu mirada es penetrable, todos dejan que pasemos a su hogar más íntimo; sin temor.

"Te amo" es el saludo de todos los pueblos, un saludo universal que todos conocen; "sigo aquí", la despedida de cada persona que se aleja, sólo por circunstancias. Acaso puede alguien dejar de estar cerca de lo suyo?

No es el mundo de Alicia, no es Fantasía, ni siquiera es utopía. Es una posibilidad como cualquier otra, un cara factible de la vida. Y sólo depende de que nuestra capacidad de creer (en nosotros y en todo lo que ES) venza a nuestro miedo.
Dos valores invisibles y siempre presentes en cualquier ser que sea humano.
 
Buscando a Sofía
publicado por  Altea a las  14:38 | Enlace permanente | comentarios [2]



3 Ene 2010
VELAS
Conocía yo a una señora ya mayor, abuelita y muy devota, que, cuando había tormenta, lluvia, rayos y truenos, me decía:

- Mira hijo, ve a mi mesa de noche y tráete una vela que tengo dentro y enciéndela pronto.
- ¿Para qué, abuela?
- Es una vela para Santa Bárbara y, encendiéndola y rezando, enseguida se acaba la tormenta.

Yo le decía que quizá la gente del campo había encendido la misma vela, pero mucho más grande que la de ella, porque no dejaba de llover. Llevaba lloviendo dos semanas, y no había manera de que cesara, ni con velas ni sin velas.

Me imaginaba yo a San Pedro, o a Zeus Tonante, dudando qué hacer, si dar cumplimiento a los rezos de los unos o de los otros.

- ¿A ti que te parece, Pedro? Preguntaba Zeus…
- ¡Pues que estoy dudoso!... aún no he recontado las peticiones de cada grupo, y cada minuto llegan cientos nuevas. ¿Tú que crees?
- Pues mira, creo que lo mejor es hacer lo que nos parezca. Nosotros a lo nuestro y ellos… a lo suyo. Si unos brindan con champán por la lluvia y otros lloran porque no les gusta mojarse, pues… allá ellos. Después de todo, no podemos complacer a todos, así que… esto es lo que hay…

Leí que decía Gurdjieff a sus discípulos que la gran mayoría de las oraciones consistía en pedir que dos más dos no fueran cuatro. Y que, por lo tanto, había que comprender en qué consistía la oración. Parece una banalidad o una crueldad, pero creo que es cierto que no se puede pedir, ni a los santos, ni a los dioses, ni a Dios, que contradiga las leyes universales, porque, entre otras cosas, emanan de ellos mismos, y contradecirlas sería contradecirse a sí mismos.

Yo por mi parte me digo que sería mejor dar a Dios en lugar de tanto pedirle tonterías, como hacen los niños pidiendo caprichos a sus padres.

Pero me pregunto, y os pregunto: ¿Cómo es la oración auténtica?



 
Filosofía cotidiana
publicado por  Abraxas a las  22:42 | Enlace permanente | comentarios [7]



29 Dic 2009
¿Cree Vd. que vivimos en el mejor de los mundos posibles?
Ésta fue la pregunta con la que terminé uno de mis posts, y la verdad es que no contestaron muchas personas. Pero, yo por mi cuenta, he hecho esta misma pregunta a cuantos amigos y conocidos he tenido a mano. Casi todos han contestado que no, que no vivimos en el mejor de los mundos posibles. Esta respuesta no me extraña, y entiendo que la mayoría de las personas no estén de acuerdo con la afirmación del filósofo Gottfried Leibniz de que “vivimos en el mejor de los mundos posibles”. Tienen un buen argumento a su favor ¿cómo justificar la presencia del mal, de las dificultades, de los problemas, del dolor?

Un vaso que se cae, un accidente de coche, la sequía que arruina una cosecha, una enfermedad inesperada, despidos masivos, lluvias torrenciales, sequías interminables, empresas en ruina, terremotos, tsunamis, guerras, etc. Las dificultades y el dolor nos rodean, están en todas partes.

La respuesta a la pregunta ¿cómo justificar el mal y las dificultades? la podéis encontrar en la portada del libro de Darwin: “El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida” LUCHA POR LA VIDA. Sin lucha, sin dificultades, no habría evolución.

El dolor se ha mostrado como la mejor ventaja competitiva que tenemos. Es un aviso de que algo va mal y tenemos que corregirlo, el dolor ayuda a reorientar nuestros movimientos y a esta continua reorientación, cambios y adaptación es a lo que llamamos evolución.

A mí, como a la mayoría de las personas, me hubiese gustado que en vez de “por lucha por la vida” la evolución fuese por “la persuasión de la vida” pero todos sabemos, por experiencia propia, que con la persuasión sólo, los resultados son lentos y pobres. El dolor nos hace conscientes de los peligros y nos ayuda a evitarlos: un calambrazo tocando un enchufe, un corte pelando patatas, un café derramado en la mesa, el pan con mantequilla sobre nuestro pantalones nuevos, un examen que no se prepara con tiempo suficiente, una quemadura por tocar una plancha caliente, etc.

Bajo esta perspectiva la famosa frase: “Avanzar a pesar de las dificultades”, toma un nuevo sentido, más completo y más profundo; no avanzamos a pesar de las dificultades sino gracias a ellas.

rafa
 
Filosofía y Ciencia
publicado por  rafa a las  13:45 | Enlace permanente | comentarios [9]



23 Dic 2009
Alegría
Alegría
 
Fotosofía
publicado por  Quijote a las  17:10 | Enlace permanente | comentarios [10]



16 Dic 2009
Color esperanza
En esta ocasión traigo una de las canciones en español más famosas por su letra inspiradora. Es una de esas canciones que escuchamos para darnos ánimos, para ver la vida de una forma más optimista.

Su autor es Diego Torres, cantante que nació en 1971 en Buenos Aires, Argentina. De familia de artistas, pues su madre fue una famosa actriz y cantante de los años 50 y 60. Diego comenzó desde muy joven en el mundo musical. Pero la consagración le vino en 2001 con el álbum “Un Mundo diferente” en el que iba incluido esta canción.

Según cuenta en su web las canciones de este álbum “calan hondo, abren un crédito esperanzador de que no todo es pálido y chato, y ratifican una vez más la importancia de la música para salir del ahogo de la realidad”. Y es que el disco llegó en uno de los momentos más duros de Argentina de la historia reciente.

La canción “Color Esperanza” fue elegido espontáneamente en todas las escuelas argentinas como mensaje esperanzador para la familia y como segundo himno en todas las fiestas patrias. También fue elegido el 11 de Septiembre como mensaje de paz y esperanza en las radios de toda América.

A continuación la letra completa de la canción:

Color esperanza
Sé que hay en tus ojos con solo mirar
que estás cansado de andar y de andar
y caminar, girando siempre en un lugar.

Sé que las ventanas se pueden abrir
cambiar el aire depende de ti
te ayudará, vale la pena una vez más.

Saber que se puede, querer que se pueda
Quitarse los miedos, sacarlos afuera
pintarse la cara color esperanza
tentar al futuro con el corazón.

Es mejor perderse que nunca embarcar
mejor tentarse a dejar de intentar
aunque ya ves que no es tan fácil empezar
Sé que lo imposible se puede lograr
que la tristeza algún día se irá
y así será, la vida cambia y cambiará.

Sentirse que el alma vuela
por cantar una vez más.

Saber que se puede, querer que se pueda
quitarse los miedos, sacarlos afuera
pintarse la cara color esperanza
tentar al futuro con el corazón.

Vale más poder brillar
que sólo buscar ver el sol.


Y también el videoclip original:

 
Filosofía y Música
publicado por  Tachen a las  14:24 | Enlace permanente | comentarios [2]



8 Dic 2009
GUERRA
Se fueron todos. De repente, todo se quedó vacío y la otrora gran explanada me pareció ahora enorme y desolada. Solo un polvo fino y un amarillo quemado bajo el sol del mediodía. Y en aquélla soledad inmensa solo estaba yo, pequeño y temeroso, asustado, insignificante. Todos se habían retirado. Estaban a salvo. No era su lucha, no era su asunto. Sentía sus risas, sus miradas irónicas, su pequeño desprecio recubierto de superioridad. ¡Pobre! No sabe que este mundo es así. ¿Qué pensará, que pájaros tendrá en su cabeza? ¿Adónde querrá ir, si no hay dónde ir? Alguien le habrá metido vanas ideas en su alma cándida. En el fondo es un inocente, qué vamos a decir…, es un pobre hombre. Pero le queremos, porque en el fondo es bueno. Solo que esta vida le viene ancha.

Los fantasmas aparecieron. Algunos cabalgando enormes monturas. Otros de negro, con vestiduras horrendas. Caras horribles, manos huesudas, portando pequeños espejos en los que mi figura aparecía diminuta, triste y abatida, ridícula, deforme. Unos reían, otros me hablaban parodiando mis palabras, haciéndolas estúpidas, pretenciosas y vacías.

Yo estaba solo y pequeño frente a ellos, como el pequeño David frente a los filisteos. Mi ejército no estaba. No tenía ejército. Sabía imposible la lucha. Y yo estaba solo, como el nacido, como el loco, como el náufrago, como el indigente. Y un enorme terror se apoderó de mí.

Pensé muchas cosas. Pero ninguna era ya posible. No había sitio ya para mí. En un momento de claridad, entendí. Aquella era mi guerra. Y no importaba a nadie. Solo era mi trance, mi precipicio, mi naufragio. Mis enemigos eran sólo míos y los fantasmas vivían en mi casa, sólo en mi casa.

Entendí mi soledad y entendí mi desamparo. Pude, poco a poco, olvidarme de todos, y poco a poco entendí que aquello era mi guerra, que sólo de mí se trataba. Yo mismo, mis enemigos, sus armas, el campo de batalla, el sol ardiente. Todo era yo mismo, y no había nada fuera de mí. El Universo entero era yo, y no había nada fuera de él. Y en un instante mi terror se tornó paz, mi miedo fuerza, y vi en mi mano la pequeña honda, y a mis pies la pequeña piedra. Quería comenzar mi guerra. Busqué una consigna, y recordé...

Y sola, y sin su nido, volará el águila al encuentro del sol.

 
Filosofía cotidiana
publicado por  Abraxas a las  14:40 | Enlace permanente | comentarios [7]





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