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Una rosa de la tumba de Homero
Hans Christian Andersen
Con motivo del 200 aniversario de Hans Christian Andersen nos hemos propuesto rendirle un pequeño homenaje, para ello queremos ofrecer a nuestros navegantes uno de sus cuentos cada mes durante todo el año 2005. Estamos seguros de que será bien acogida esta iniciativa.
Breve biografía
Hans Christian Andersen es el más célebre de
los escritores y poetas románticos daneses, nació
en 1805 en la ciudad de Odense. Fue un hombre de origen humilde
y formación prácticamente autodidacta, en él
influyeron notablemente escritores como Goethe, Schiller y
E.T.A. Hoffmann.
Sus escritos están en la línea de autores como Charles Perrault y los hermanos Grimm. Hans Christian Andersen creaba personajes que encarnaban los valores, los vicios y las virtudes, no importándole imaginar tanto situaciones fantásticas como reales incluso autobiográficas, ejemplo de esto es el El patito feo, siempre describiendo la eterna lucha entre el bien y el mal donde el amor triunfa sobre el odio, sus personajes, siempre muy vulnerables, se someten al destino cruel en la fe de que algo sucederá y la virtud será debidamente recompensada.
La sencillez y fuerza con que Andersen logra escribir sus obras hace que se popularicen rápidamente, consagrándole como uno de los grandes escritores de la literatura de todos los tiempos, un clásico que atraviesa con éxito el desgaste del tiempo.
Una rosa de la tumba de Homero
En todos los cantos de Oriente suena el amor del ruiseñor
por la rosa; en las noches silenciosas y cuajadas de estrellas,
el alado cantor dedica una serenata a la fragante reina de
las flores.
No lejos de Esmirna, bajo los altos plátanos adonde
el mercader guía sus cargados camellos, que levantan
altivos el largo cuello y caminan pesadamente sobre una tierra
sagrada, vi un rosal florido; palomas torcaces revoloteaban
entre las ramas de los corpulentos árboles, y sus alas,
al resbalar sobre ellas los oblicuos rayos del sol, despedían
un brillo como de madreperla.
Tenía el rosal una flor más bella que todas
las demás, y a ella le cantaba el ruiseñor su
cuita amorosa; pero la rosa permanecía callada; ni
una gota de rocío se veía en sus pétalos,
como una lágrima de compasión; inclinaba la
rama sobre unas grandes piedras, - Aquí reposa el más
grande de los cantores -dijo la rosa-. Quiero perfumar su
tumba, esparcir sobre ella mis hojas cuando la tempestad me
deshoje. El cantor de la Ilíada se tornó tierra,
en esta tierra de la que yo he brotado. Yo, rosa de la tumba
de Homero, soy demasiado sagrada para florecer sólo
para un pobre ruiseñor.
Y el ruiseñor siguió cantando hasta morir.
Llegó el camellero, con sus cargados animales y sus
negros esclavos; su hijito encontró el pájaro
muerto, y lo enterró en la misma sepultura del gran
Homero; la rosa temblaba al viento. Vino la noche, la flor
cerró su cáliz y soñó:
Era un día magnífico, de sol radiante; acercábase
un tropel de extranjeros, de francos, que iban en peregrinación
a la tumba de Homero. Entre ellos iba un cantor del Norte,
de la patria de las nieblas y las auroras boreales. Cogió
la rosa, la comprimió entre las páginas de un
libro y se la llevó consigo a otra parte del mundo
a su lejana tierra. La rosa se marchitó de pena en
su estrecha prisión del libro, hasta que el hombre,
ya en su patria, lo abrió y exclamó:
"¡Es una rosa de la tumba de Homero!".
Tal fue el sueño de la flor, y al despertar tembló al contacto del viento, y una gota de rocío desprendida de sus hojas fue a caer sobre la tumba del cantor. Salió el sol, y la rosa brilló más que antes; el día era tórrido, propio de la calurosa Asia. Se oyeron pasos, se acercaron extranjeros francos, como aquellos que la flor viera en sueños, y entre ellos venía un poeta del Norte que cortó la rosa y, dándole un beso, se la llevó a la patria de las nieblas y de las auroras boreales.
Como una momia reposa ahora el cadáver de la flor en su Ilíada, y, como en un sueño, lo oye abrir el libro y decir: "¡He aquí una rosa de la tumba de Homero!".





