Organización Internacional Nueva Acrópolis - España
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La naturaleza en peligro. Ecosistemas acuáticos (II)
Blanca Balcázar
MARES Y OCÉANOS
Son ecosistemas formados por la mayor concentración de agua del planeta. De hecho, ocupan sus tres cuartas partes. Al estudiar los mares y océanos habría que distinguir entre el mar abierto y las zonas costeras, estas últimas mucho más sensibles a la contaminación.
Cerca de las zonas costeras se encuentran los corales. Los arrecifes coralinos son colonias de miles de individuos que se alimentan por el día de algas fotosintéticas, y por la noche extienden sus tentáculos para atraer el plancton. Cobijan multitud de seres marinos y forman una barrera natural entre el mar y la costa. Por su deslumbrante despliegue de formas, colores y texturas, ninguna otra comunidad de la Tierra puede compararse al ecosistema del arrecife de coral.
El arrecife depende de mareas y corrientes. No existe por sí mismo. Tiene el mismo problema que otros medios acuáticos de exceso de fertilizantes o desagües. Sin embargo su peor amenaza es la erosión provocada por las actividades humanas. Las aguas turbias cargadas de sedimentos y arena procedentes de la deforestación y del dragado de puertos no sólo privan al arrecife de luz y oxígeno, sino que impiden los mecanismos de nutrición de muchos de sus habitantes.
Algunas especies de coral mueren en 24 horas ante una concentración
de herbicida de una parte por 10 millones, y los caracoles
que se alimentan de coral acumulan herbicida en sus tejidos.
Con tal nivel de sensibilidad, el aumento de los contaminantes
que cada vez se usan más en los países tropicales
puede ser desastroso.
Otro problema actual de los arrecifes es la destrucción
entera de sistemas completos para extraer cal. También
los destruyen la pesca con explosivos y ciertas industrias
de adornos que los emplean para hacer collares (en California
se ha intentado crear "arrecifes" artificiales).
El mar abierto es bastante más resistente. Su misma inmensidad y su relativa escasez de organismos ha significado que pueda encajar la agresión química sin que hasta ahora se hayan dado informes alarmantes. Las toxinas vertidas al mar o arrastradas por las corrientes y los vientos son absorbidas por el plancton, cuyos cuerpos y excrementos se depositan rápidamente en el fondo de los océanos, pero se degradan muy lentamente a causa de las bajas temperaturas. Dado que lo más probable es que la producción mundial de toxinas aumente con más rapidez que la imposición de controles de la contaminación, los vastos océanos seguirán acumulando calladamente toxinas durante largo tiempo, con consecuencias desconocidas.
En este sentido pueden ser alarmantes las explotaciones mineras
que agitan los sedimentos, ya que si se agita un depósito
de toxinas, éstas se esparcen.
Hace años los océanos estaban considerados como
"la gran reserva" alimentaria del futuro. Había
proyectos de crear grandes bancos de peces para obtener proteínas
de modo estable, tal como se cría el ganado en tierra.
Por el contrario, lo que ha sucedido es que se ha seguido
pescando con armas cada vez más sofisticadas.
Las mayores concentraciones de fitoplancton (y por lo tanto de vida marina que se alimenta de él) se encuentran a lo largo de las zonas costeras poco profundas, alrededor de los arrecifes y en zonas de afloramiento de aguas profundas. Pero estos lugares de gran productividad suelen ser también los más afectados por la contaminación. El 85 % de la contaminación marina procede de actividades de tierra en forma de petróleo, desagües, metales pesados y pesticidas.
Los primeros navegantes apenas dejaban marcas en el océano. Miles de barcos se han hundido a lo largo de los siglos sin dejar huella. Pero al multiplicarse la raza humana, también lo hizo su basura. Si ésta fuera orgánica, quizás los océanos pudieran hacerse cargo de ella. El problema está en la naturaleza de las basuras: los superpetroleros surcan los mares transportando millones de litros de petróleo. Un accidente puede contaminar kilómetros de costa y matar a miles de aves marinas. Pero este desastre puede ser relativamente pasajero. Con el tiempo el petróleo se descompone y el ambiente puede recuperarse. Sin embargo, los plásticos no se descomponen. Cada fragmento de plástico arrojado al mar quedará allí para siempre.
Los sedales de pesca de plástico matan a las aves marinas. Y las tortugas confunden las bolsas de plástico con medusas, se las comen y mueren con el estómago lleno. Se encontró a un cachalote de 12 metros muerto con 50 bolsas de plástico atascadas en su garganta. Cada año mueren más de dos millones de aves marinas y unos cien mil mamíferos por esta causa.
REGIONES POLARES
Las regiones polares del norte y del sur de nuestro planeta son imágenes invertidas. El Ártico es un océano cubierto en gran parte de hielo formado a partir del agua del mar y rodeado por tierra; y la Antártida es una tierra cubierta de hielo formado a partir de la nieve y rodeado por un océano frío.
Hay en ambos hemisferios pocas especies, con un gran número de individuos. En el Ártico los recursos están bastante explotados. En el Antártico se creó un tratado (1959) en el que participaron doce países, en el cual se decidió estudiar y explorar pacíficamente el continente. Últimamente Francia y Rusia parecen haber violado los acuerdos (construcción de una pista de aterrizaje en Adelie y ausencia de información sobre el número de capturas de pescado). No obstante, los daños derivados de las explotaciones petrolíferas constituyen la mayor amenaza.
El Antártico es rico en krill, un pequeño crustáceo
del que se alimentan ballenas, peces, focas, calamares, aves
marinas y que ahora también pesca el hombre. Se estima
que los buques factoría del Japón y de Rusia
capturan unas 500.000 toneladas anuales.
En 36 millones de kilómetros cuadrados puede haber
650 millones de Tm. de krill. El Antártico es un inagotable
suministro de alimentos para la superpoblación humana,
pero ¿cuáles son las consecuencias de tal captura?
Puesto que no sabemos la rapidez con que puede reproducirse,
ni su capacidad reproductora, velocidad de desarrollo y duración
vital, hay que andar con cuidado, ya que un gran número
de especies dependen de él para seguir viviendo.
ISLAS
Son ecosistemas pobres en el número de especies diferentes
que albergan, y ricos en el sentido de que muchos de sus animales
y plantas son endémicos, es decir, como las joyas fabulosas
en una colección privada, no se encuentran en ninguna
otra parte del mundo. La diversidad de especies y el endemismo
dependen fundamentalmente de la edad de la isla y lo alejada
que esté del continente.
Las especies nativas exclusivas de cada isla son también
sumamente vulnerables a la extinción, por el pequeño
tamaño de sus poblaciones y por la falta de defensas
contra depredadores introducidos.
- En Isla Mauricio se perdieron las especies nativas cuando
se sustituyeron sus bosques por plantaciones de caña
y otros cultivos.
- En Baleares el desarrollo turístico ha comportado
la perturbación y degeneración del medio ambiente.
Más de la mitad de sus vegetales endémicos están
amenazados de extinción.
- En las Galápagos la fauna y flora están amenazadas
por las instalaciones humanas y la introducción de
animales foráneos como cabras, cerdos y perros.
En ciertas combinaciones de tamaño, edad y aislamiento,
las islas son sumamente sensibles a las perturbaciones. Catástrofes
naturales como los huracanes pueden diezmar poblaciones enteras
de animales en las islas pequeñas. La llegada de un
mamífero depredador a una isla cuya fauna evolucionó
sin depredadores
es igualmente catastrófica. Imaginemos al pobre dodó,
incapaz de volar, y probablemente hasta de correr, cuando
anclaron en Isla Mauricio los primeros barcos cargados de
marineros hambrientos.
Los últimos en llegar a las islas, según la escala evolutiva, hemos sido nosotros, los humanos. Las plantas nativas suelen quedar desplazadas por las que nosotros llevamos. Algunos animales nativos han sido cazados casi hasta el exterminio, y otros son incapaces de adaptarse a los cambios radicales provocados por la agricultura, la edificación o la industria, ni de competir con nuestros depredadores familiares (perros, gatos, cabras, cerdos y ratas). Se van retirando a rincones cada vez más reducidos hasta un punto sin retorno. La mayoría de las aves extinguidas en los últimos 200 años eran habitantes de islas.





