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La Atlántida. La civilización que desapareció bajo las aguas...
Isabel Suita
Que una gran civilización haya podido existir y desaparecer súbitamente es suficiente para fascinar. La Atlántida resume esta historia o este sueño. La palabra evoca una isla misteriosa bañada por los rayos de un sol ardiente y un pueblo fundador de una cultura brillante y efímera.
En el siglo IV a. C., Platón fue el primero en mencionar
públicamente la existencia de la Atlántida,
cuyos restos desaparecieron hace 9000 años. Hacia el
año 355 a.C., dos diálogos de Platón,
el Timeo y el Critias, fundan el mito de la Atlántida.
Como las demás obras del filósofo, el texto
se presenta bajo la forma de un diálogo; en éste
participan Sócrates, Maestro de Platón; Timeo,
filósofo pitagórico; Critias, político
acusado de no tener escrúpulos, y Hemócrates,
antiguo general de Siracusa.
El Timeo, Critias, pariente de Platón, cuenta una historia
que le narró su abuelo, a quien se la contó
su padre, habiéndola este último escuchado relatar
por el sabio griego Solón. Cuando Solón estaba
en Egipto, alrededor del 590 a.C., un sacerdote del templo
de Sais le hizo la siguiente confidencia:
"Sí, Solón, hubo un tiempo, antes de la
más grande destrucción por las aguas, donde
la ciudad que es hoy de los atenienses era, de todas, la mejor
para la guerra (...) En ese tiempo se podía pasar por
este mar (¿el océano Atlántico?). Había
una isla delante de ese pasaje que ustedes llaman las columnas
de Hércules (...). Ahora bien, en esta isla Atlántida,
sus reyes había formado un gran y maravilloso imperio
(...). Esta potencia, habiendo concentrado todas sus fuerzas,
emprendió de un solo impulso la dominación de
vuestro territorio y del nuestro y de todos los que se encuentran
de este lado del estrecho. Fue entonces, oh Solón,
que el poderío de vuestra ciudad hizo estallar a los
ojos de todos su heroísmo y su energía. Porque
la venció por sobre todas por su fuerza moral y por
el arte militar (...).
Pero en el tiempo que siguió hubo terremotos espantosos
y cataclismos. En un solo día y una noche terrible,
todo vuestro ejército fue tragado de una sola vez por
la tierra, y asimismo la Atlántida se sumió
en el mar y desapareció. Es por esto que aún
hoy día este océano es difícil e inexplorable
por el obstáculo del fondo fangoso y muy bajo que la
isla, al hundirse, depositó."
En el Critias, el filósofo ofrece más información
acerca de la Atlántida. Después de la creación
del mundo, los Dioses se lo repartieron, y Poseidón,
soberano de los mares, recibió la Atlántida.
De su unión con una mortal, Cleito, tuvo diez hijos,
y cada uno heredó una parte de la isla. El mayor, Atlas,
llegó a ser el rey y recibió la mejor y la más
grande de las regiones. La isla era muy rica y se beneficiaba
de grandes recursos, tanto agrícolas como mineros.
Los sabios que la gobernaban hacían reinar la más
perfecta felicidad, distribuyendo el trabajo.
La Atlántida descrita en el Critias se divide en distritos.
Los numerosos canales que la surcan convergen hacia la capital,
de forma circular. En el corazón de ésta se
levanta el palacio real, antigua residencia del Dios del mar.
Se trata de una ciudadela de forma igualmente circular y de
un diámetro de alrededor de 5 kms. Anillos concéntricos
de tierra y de mar, unidos por túneles y puentes, componen
esta Acrópolis.
Abriga templos, palacios y edificios públicos, así
como campos de deportes. El más formidable de los templos
es el dedicado a Poseidón. Sus fachadas exteriores
están completamente cubiertas de plata y sus techos
enchapados en oro.
En el interior, las bóvedas son de marfil cincelado
con incrustaciones de oro, plata y oricalco (metal misterioso
que se cree podría ser una aleación de cobre
y oro). El templo está adornado con numerosas estatuas
de oro.
Una de ellas sobrepasa a todas las demás, es la que
representa a Poseidón, "de pie sobre un carruaje
de seis caballos alados, y de tal magnitud que la figura toca
la bóveda del edificio". La descripción
de Platón muestra la riqueza y el poderío de
la Atlántida. Un pretexto para utopías l texto
de Platón es interpretado hoy en día como la
primera de las utopías: una alegoría destinada
a alabar los méritos del Imperio Ateniense, que se
encontraba en esa época en decadencia.
Pero la ciudad ideal que describe el filósofo, ¿es puramente imaginaria, o la construcción platónica descansa en una tradición que podría tener orígenes históricos? Este debate aún no ha terminado. Los antiguos comentaristas parecen ellos mismos divididos sobre el sentido de los diálogos platónicos. Aristóteles, en el siglo IV a.C., afirma que la Atlántida no es más que un mito. Por otra parte, un discípulo de Platón afirma haber visto en Sais los jeroglíficos que relatan la historia contada a Solón. En la Edad Media la Atlántida es prácticamente olvidada. El interés por esta isla tragada por el mar renace en el siglo de los descubrimientos, e incluso algunos autores se arriesgan a identificar América como la isla platónica. Con mayor frecuencia los filósofos retoman el contenido de los tratados platónicos para disertar sobre la noción de ciudad ideal. Así el filósofo inglés Francis Bacon redacta en 1637 una Nueva Atlántida (Nova Atlantic) especie de novela científica donde navegantes llevados por los vientos a regiones inexploradas del océano acceden a las costas de una isla desconocida, donde un gobierno iluminado hace reinar la felicidad absoluta; el sueco Olav Rudbck traza una alegoría de su propio país como cuna de la civilización (Atland o Manhem, 1679-1702), y el catalán Jacint Verdaguer hace del continente perdido el objetivo de Cristóbal Colón (L'Atlantida, 1876).
En la época contemporánea el mito de la Atlántida
continúa alimentando utopías filosóficas
y ficciones novelescas. A comienzos de siglo XX, el escritor
francés Pierre Benoit publica una Atlántida
pronto famosa, donde la isla misteriosa se encuentra en pleno
desierto.
Más seriamente, arqueólogos y especialistas
del mar han intentado identificar la isla. Para los griegos
Galanoupoulos y Marinatos, así como para el francés
Cousteau, la Atlántida no sería otra que la
isla de Santorín, situada a 110 kms. al norte de Creta.
La isla es en efecto circular, y en el 1500 a.C., Creta estaba
en el apogeo de su poderío. Su civilización
minoica era brillante y su comercio se extendía por
todo el Mediterráneo. Además era enemiga de
Atenas y practicaba el culto al toro, al igual que los Atlantes.
Pero en 1470 a.C. el volcán Santorín hizo erupción
brutalmente. La erupción fue acompañada de grandes
terremotos, lluvias de cenizas y una ola formidable de varias
decenas de metros de altura. Fue esta ola la que debió
abatirse sobre Creta, destruyendo su civilización para
siempre.
Pero, ¿es posible que Platón hay confundido
fechas y lugares, o mezcló deliberadamente eventos
históricos y una tradición legendaria para forjar
una alegoría de alcance político y moral? Esta
última es una hipótesis plausible.
Si admitimos que la Atlántida realmente existió,
surge el problema de su ubicación geográfica.
Las hipótesis que se barajan son las siguientes:
De América a Escandinavia
Algunos ubican la Atlántida en América del Sur,
con los mayas, y otros en Heligoland, isla de Mar del Norte,
cerca de las costas danesas o alemanas (J. Spanuth) o en el
Sáhara (idea popularizada por P. Benoit en su novela
La Atlántida, 1919). Finalmente, algunos ven en la
antigua ciudad de Tartessos (situada en la desembocadura del
Guadalquivir, en España) la ciudad atlante.
Las Azores
Tomando en cuenta el texto de Platón, esta ubicación
parece ser la más lógica. Ya en 1882 I. Donelly
adelanta esta hipótesis. Más tarde, O.H. Muck,
desarrollando argumentos adelantados por los arqueólgos
Kircher y Schliemann, sostiene que las Azores son la antigua
Atlántida.
Insiste en la situación geográfica de las Azores,
y afirma que forman una zona de fractura en la corteza terrestre
y que existe abundancia de volcanes en actividad.
Bimini
Pero otros piensan que la Atlántida se encontraba de
hecho en la parte oeste del océano Atlántico,
en las proximidades de la isla Bimini (Archipiélago
de Las Bahamas). En 1968, una estructura sumergida fue descubierta
en esta zona. Siguieron expediciones llevadas a cabo por M.
Valentine, conservador honorario del Museo de Miami y D. Reikoff,
experto en fotografía submarina.
Se reconocieron dos muros, orientados perpendicularmente uno
respecto al otro. Tomando en cuenta que Bimini se hunde en
forma paulatina en el mar, los dos investigadores dataron
estas construcciones en unos 8.000 a 10.000 años, es
decir, en una época en que ningún pueblo de
la región conocido por los arqueólogos poseía
un nivel cultural y técnico que le permitiera realizar
tales muros. El único problema es que se ha puesto
en duda el origen humano de tales estructuras, considerándolas
hoy día como un fenómeno natural.
Así, es posible que futuros hallazgos arqueológicos
y científicos permitan aportar datos más precisos
sobre la ubicación y existencia de este maravilloso
continente atlante, confirmando así las enseñanzas
de Platón y todas las antiguas tradiciones esotéricas.