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Los antros iniciáticos de la antigua Grecia (I)
Jorge Alvarado
Testigos mudos de un mundo olvidado, los antros iniciáticos de la antigua Grecia siguen guardando muchos secretos aún inaccesibles al profano turista que, con sorpresa, los visita en los más recónditos lugares de las montañas griegas. Los antros Ideo y Dicteo en Creta, el de Trofonio en Libadia, el del dios Pan en el sector noroeste de la acrópolis de Atenas y el antro de las Ninfas en la lejana patria de Ulises, la isla de Ítaca, son, entre otros de menor categoría, los más importantes, según registra la tradición y la historia de la antigua Grecia.
La palabra antro es de origen griego y significa “varón”. Se refiere al lugar subterráneo y oculto donde se realizaba la transmutación iniciática que permitía el “renacimiento” o segundo nacimiento del hombre, convertido en héroe al emerger, victorioso, tras su Iniciación, de la caverna-matriz de la Madre-Tierra. El antro es, entonces, un lugar de reunión de varones para celebrar ritos históricos relacionados con la transformación y la renovación del candidato.
Del simbolismo y significado esotérico de aquellos ritos y procedimientos iniciáticos en los antros nos da el divino Platón una idea muy clara, filosóficamente expresada y asequible a la mente racional, en el capítulo de su diálogo La República dedicado al mito de la caverna, cuya descripción vamos a obviar ya que la suponemos suficientemente conocida del lector.
El antro, exotérica y formalmente, es el lugar de los ritos y misterios de vida y de muerte, donde oficiantes y candidatos se reunían para celebrar un procedimiento de Iniciación, de traspaso e intercambio de experiencia y conocimiento. Pero esotéricamente, el antro es el “cuerpo” del alma del candidato, el santuario profundo de su propio Ego, un lugar de fuerza y de reconocimiento interior, de autodescubrimiento. Y es aquí precisamente, en este logro, donde radica la verdadera Iniciación, o sea, la superación de las diversas “pruebas” que le conducirán desde la oscuridad del antro hasta la luz del mundo de lo real, del reino luminoso de su espíritu.
La existencia y funcionalidad del antro como lugar iniciático y de tránsito de la oscuridad y la ignorancia hacia la luz y el conocimiento no es, por supuesto, patrimonio exclusivo de la antigua Grecia. Las Casas de Horus en Egipto, los Mitreos en Asia Menor y en Roma y las catacumbas cristianas son algunos de los muchos ejemplos que encontramos en las civilizaciones tradicionales de la Antigüedad.
El antro ideo en Creta
En la región montañosa de Anogia, en la isla de Creta, se encuentra uno de los más afamados antros iniciáticos de la Antigüedad desde épocas míticas. Desde 1884, en que un pastor encontró fortuitamente diversos objetos de cobre con la inscripción “Al Zeus de Ida” o Zeus Ideo, hasta hoy, en que continúa la excavación arqueológica con método científico, la cueva, matriz telúrica que se adentra en las entrañas de la tierra, ha dejado descubrir muchos de sus secretos, de sus cultos viejos y olvidados por el tiempo, gracias a la interpretación arqueológica. Sin embargo, aún quedan mucho por descubrir… quizás lo más importantes, sobre su historia y funcionalidad mistérica y cultural.
Diversos testimonios y referencias de la Antigüedad nos indican que el antro Ideo no era solo un lugar de culto, sino uno de los más importantes centros iniciáticos de la antigua Grecia. Un lugar donde el mito se une a la Historia, donde los mortales entraban en contacto con lo divino; un centro, en fin, de conocimiento e Iniciación mistéricos.
Según el mito, allí creció el niño divino Zeus, protegido por los Curetes, oculto a los ojos de su padre Cronos, quien devoraba a sus hijos a medida que su divina esposa Rea daba a luz. A fin de impedir la muerte de su último hijo, Zeus, la diosa Rea lo oculta y ofrece a Cronos una piedra envuelta en pañales en lugar del recién nacido para que la devore. Bajo la custodia de los Ideos Daktulos, Koribantes o kurites, que cantan y bailan ruidosamente para ocultar el llanto del pequeño dios en la cueva, Zeus crecerá amamantado con la leche de la cabra mágica Amaltea. Se dice que los Ideos Daktulos (daktulos significa “dedos” en griego) surgieron de la tierra cuando Rea, no pudiendo aguantar los dolores del parto en el antro Ideo, donde había ido a dar a luz, apoyó los dedos de sus dos manos en el suelo de la caverna para aliviarse. Así, la tradición pretende que el antro Ideo sea la sede central del culto mistérico a estas deidades intermediarias.
Aquí el mito deja su lugar a la Historia, porque el antro de Ida o Ideo es el lugar donde se asentaron aquellos Iniciados históricos, sacerdotes y terapeutas que daban la Iniciación en los antiguos Misterios cretenses y que tenían el mismo nombre que sus antecesores míticos, o sea, Kurites y Daktilos. Más exactamente, según la tradición histórica, los Daktilos del Ida fueron los fundadores de las ceremonias mistéricas, los poseedores de los secretos sobre el nacimiento de los dioses y grandes maestros en las artes de la curación.
Los Kurites, en cambio, eran los Arcontes o Jefes del Misterio, Iniciados en las artes de las propiedades de las plantas, la ciencia oracular, iniciadores en los misterios superiores, mientras que los Ideos Daktilos lo eran en los misterios menores.
Del gran Pitágoras se dice que fue Iniciado en Creta en estos Misterios del Ida, y también allí iba el rey Minos, convertido en juez del Hades, para recibir los consejos de su padre, el dios Zeus, que había nacido allí, y regular las leyes, según nos refiere el poeta Homero, cada nueve años, ciclo temporal que rige las coincidencias de las órbitas aparentes del Sol y de la Luna. Las leyes que recibía el rey Minos de Zeus son alabadas por Platón y Aristóteles, lo cual nos indica su gran importancia y calidad. Así, en la Apología de Sócrates, este declara su gran satisfacción, ya que, tras su muerte, podrá entrar en un mundo donde los jueces son Minos, Radamanthis, Triptolemo y Eaco, en vez de los jueces mortales e incompetentes de su época.
Según el mito, también fue allí donde por vez primera se celebraron los Juegos Olímpicos, cuando uno de los Kurites guardianes del pequeño Zeus, de nombre Hércules (los diversos investigadores no se ponen de acuerdo en este caso sobre si se trata del mismo héroe realizador de los doce trabajos o de otro personaje mítico) organizó una carrera entre sus hermanos menores y se coronó al vencedor con una corona de ramas de olivo.
De acuerdo con las excavaciones realizadas hasta el momento, el funcionamiento del antro como lugar de culto e Iniciación cubre un período de más de 2000 años, desde la época arcaica hasta la romana, siendo un centro de peregrinaje internacional, como lo atestiguan los hallazgos arqueológicos de ofrendas provenientes de Egipto, Siria y Fenicia y otras regiones de Asia Menor. Sin embargo, y a pesar de su gran importancia, el antro Ideo no es el único de gran valor en la isla de Creta. Entre las muchas cuevas en las montañas de Creta que contaban con antros iniciáticos de culto religioso, el más destacable, y en efecto comparable en importancia al Ideo, es el llamado antro Dikteo.
El antro Dikteo
También en Creta, en la provincia de Lasithiu, se encuentra este antro, donde, según otras versiones de la mitología griega, la diosa Rea dio nacimiento a Zeus, para entregárselo después a las ninfas y a los Kurites, que lo llevaron y protegieron en el Ideo.
La caverna tiene una profundidad de treinta y cinco m, con una longitud de más de 150 m que se hunden en las entrañas de la tierra, entre multitud de estalactitas y estalagmitas rezumantes de humedad. En el fondo del antro hay un lago y allí cerca, una pequeña oquedad donde se han encontrado diversos objetos de culto y ofrendas. Incluso dentro de las estalactitas, con que el paso de los siglos los habían ido cubriendo, se han encontrado hachas dobles ceremoniales, estatuillas en bronce, cerámica, figurillas de animales y demás ofrendas que los peregrinos y neófitos ofrecían a la Divinidad.
Según las investigaciones, el antro Dikteo comienza a ser centro cultural e iniciático desde la Época Preminoica (antes del año 2500 a.C.), continúa en la Época Minoica y llega a su apogeo en los siglos VIII y VII a.C., para ir declinando hasta la Época Romana del siglo I d.C. El hecho de no haberse encontrado objetos y ofrendas de culto dedicadas a Zeus, como sucede en el antro Ideo, parece indicar que este antro estaba dedicado a otra divinidad, posiblemente una diosa minoica, ya que los hallazgos arqueológicos son en su mayoría objetos de uso femenino y adornos.
En la antigua mitología cretense, son tres, principalmente, las heroínas-diosas que se relacionan con el mítico rey Minos, juez del mundo de los muertos: Pasifae, Ariadna y Fedra. En sus aspectos divino y mítico, las tres tienen atributos similares a la Afrodita de la época clásica griega posterior. Tanto es así que bastantes investigadores y eruditos creen que los tres nombres son diversos aspectos de una sola divinidad. En cualquier caso, y puestos a decidir entre las tres, es más posible por el culto, piensan los arqueólogos, que el antro Dikteo estuviese dedicado a la diosa Ariadna y a su amante Dyonisos, el cual, más tarde, se habría identificado con el joven Zeus.
En efecto, después de la bajada de los pueblos dorios, en este antro se adoraba a Zeus Kretagenes, con ceremonias y festividades que se realizaban cada primavera. Pero este Zeus Kretagenes era muy distinto del conocido Zeus, rey de los cielos, y de los dioses olímpicos. Como Dyonisos, cada año moría y resucitaba en la primavera, junto con la Naturaleza toda. Cada año, ceremonialmente, se encendía un fuego sagrado en la caverna, cuando, según el mito simbólico, hervía la sangre tras su nacimiento. Hoy en día no es conocido el emplazamiento de este antro, aunque los habitantes de la antigua Creta festejaban cada año el renacimiento del dios y de la Naturaleza vital bailando ritmos guerreros, llamados Pirihios (los que se decía bailaron los Curetes ante el pequeño recién nacido Zeus), y cantando el llamado Himno Dikteo, que decía así:
“Salve a Ti, gran Hijo de Cronos y de Rea,
que estás por encima de los dioses
y de todos los hombres.
Baja de los aires (Éteres) y ven aquí abajo
al monte Dikteo
y, como cada año, escucha placenteramente
tu himno rítmico…”.
El himno continúa con peticiones de abundancia, fertilidad de los campos y frutos de la tierra y de los ganados, felicidad en las relaciones matrimoniales y vientos favorables para los navegantes. En parte, este himno se sigue cantando, pero con pequeñas alteraciones cristianizantes, en esta provincia de la actual Creta.





