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El Enigma de los Cagots (II)

Luis Martín

Este es un pueblo «maldito», como hay muchos otros; como los Maragatos que ocupan los montes de León y las llanuras hasta Astorga, zona un tanto misteriosa y desconocida, típica en antiguas ferrerías y en las artes de trabajar los metales, sobre todo el hierro (ésta fue una actividad maldita durante siglos, como si el conocimiento de las técnicas metalúrgicas supusiera el ejercicio de poderes diabólicos).

El Enigma de los Cagots

A los cagots también se les llamó «perros de Godos». Y hay una leyenda que cuenta prodigios atribuidos a los «buenos reyes Godos», cuyas espadas cambiaban de color en las manos de estos nobles, de suerte que unas eran verdes, otras amarillas, negras, y algunas de color rosa.
Y cómo no recordar a los gitanos caldereros que estañaban y ejercían con gran habilidad oficios en torno a los metales. Es curioso que maragatos, agotes o cagots y gitanos tengan un origen presuntamente oriental. Podemos relacionar también el carácter común de la herrería o forja y la carpintería (los cagots eran muy hábiles carpinteros de armar). En Vizcaya y Guipúzcoa, arotz quiere decir carpintero, y en la parte oriental del país, con la misma voz se designa al herrero; paralelamente, aroztegui es carpintería o herrería.

Es interesante constatar que hay leyendas que los unen, y coincidencias que nos inclinan a sospechar que muchos de estos pueblos tenidos como «malditos», y aun afincados en enclaves totalmente distintos y sin evidentes lazos que los liguen entre sí, pueden proceder de una misma rama de ese árbol frondoso que crece, sin orden aparente, a partir de un tronco común con sus raíces ancladas en hondas y oscuras procedencias.

Otra curiosidad es el hecho de que todos los pueblos tradicionalmente malditos de nuestra geografía se encuentren en las rutas que conducían al Finis Terrae o a sus proximidades inmediatas. Agotes y maragatos en el Camino francés, vaqueiros y pasiegos en los caminos del Norte, jurdanos y brañeros en la Vía de la Plata, baralletes y soliños en la Galicia finisterrana, los gitanos un poco más extendidos. Todos ellos tienen, en mayor o menor medida, la pasión por la trashumancia, pero sin abandonar nunca definitivamente su lugar de asentamiento «tribal».

Volviendo a los cagots, se han descrito algunos caracteres particulares y etnográficos, aunque no creemos que nos puedan sacar de dudas al respecto, pues hay infinidad de características y algunas contradicciones. Nos dice Gérard de Séde: «eran de baja estatura, muchos eran rubios, de ojos azules, y sobre todo, casi todos tenían las orejas desprovistas de lóbulo».
De otros autores: «su cabeza es ancha, voluminosa, los rasgos groseros y salientes, los cabellos castaños, a veces rubios. La frente abombada, los ojos muy hundidos, el iris de color azul, oliváceo o gris más o menos claro, su nariz con alas anchas y planas, los labios verticales y rectilíneos, bastante gruesos, las orejas pequeñas, redondas y planas y lóbulo poco desarrollado o ausente, los pómulos anchos, salientes. La tez, blanca y sonrosada, se volverá con la edad como inflamada. Ordinariamente serían altos, fuertes y vigorosos; tendrían un humor sombrío y triste». Otros escritores los describen con la tez morena, el cabello negro y encrespado, los ojos grises y sombríos, la estatura mediana con el cuello corto, y la nubilidad precoz.

Los gafos llamados cabaneurs, de los pantanos del Sevre y el Lay, tienen el cabello castaño, la tez bronceada, los ojos pequeños, cráneo braquicéfalo.

Todos coinciden en la falta de lóbulo, se dice que por eso no podían llevar pendientes y era otra característica más a sumar. El origen histórico de los cagots es uno de los puntos más discutidos. Ya vimos el tema de la leyenda de los descendientes de los trabajadores en el Templo de Salomón. El primer texto que menciona a los cristias data de 1288, y hasta el siglo XVI no aparece la palabra cagot. Rabelais señala que existía en la Biblioteca de Saint-Victor una obra acerca de los cagots.

Se ha supuesto que eran los descendientes de un antiguo pueblo que vivía en la Bretaña y el Béarn antes de las invasiones bretonas o cantábricas. Pero los restos prehistóricos de esta raza en nada se parecen a los actuales gafos o cagots, y los ligures que habitaban aquellos países tampoco tienen sus caracteres antropológicos. Podrían también proceder de los celtas.

Cagotes, según Littré, es una mezcla de provenzal y alemán: cap gott (cabeza de Dios). Otros han creído que eran cruzados que a su regreso de Tierra Santa trajeron la lepra, pero esta enfermedad es muy anterior a las Cruzadas, y es mencionada ya por Gregorio de Tours y el Concilio de Orleans en el año 549.

El origen albigense de los gafos o cagots no puede admitirse por existir aquéllos mucho antes del siglo XIII en Francia. También se les ha atribuido un origen oriental o semítico, haciéndoles descender de judíos o musulmanes. Otros los identifican con los gitanos o zíngaros. Y otros creen que proceden de los visigodos que marcharon de España después de la invasión de Carlomagno.

Hay una vieja leyenda que afirma: «Antaño, en la Galimachia, más allá de Turquía, el rey Gripput tenía un lacayo horroroso cubierto de lepra de pies a cabeza y que se llamaba Gaheig-Agot-Giezi-Labenne».

Esta última versión dio lugar a una continuación en la que el horroroso lacayo se convirtió en el primer cagot establecido en tierra de Oc y se casó en Labaste, aldea de Chalosse. Si analizamos estos nombres se puede ver que «Gaheig» y «Agot» son variantes regionales de la palabra cagot, y «Labenne» es un nombre propio muy común entre los cagots; queda el nombre de «Giezi», y en Chalosse a los cagots también se los llamaba «Gézitains». Y en La Biblia, en el segundo libro de los Reyes (V.20-27), se cuenta que habiendo Eliseo curado la lepra al general arameo Naamán, a «Giezi», doméstico del profeta, se le ocurre reclamar al beneficiario del milagro el precio de la curación. Para castigarle por su codicia, Eliseo dice a Giezi: «La lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu simiente para siempre». ¿Tendrá relación con los cagots? Seguramente nunca tengamos la certeza.

Sea lo que fuere, los últimos cagots, con su misteriosa pata de oca en el hombro y la escarapela encarnada en el sombrero, han desaparecido, llevándose consigo el enigma de sus orígenes.

Y en el aire queda ese halo de mal sabor de boca al pensar cuántos odios e intolerancias seguimos arrastrando a través de los siglos. ¿Alguna vez aprenderemos a respetar a nuestros semejantes? Al fin y al cabo, todos compartimos la misma Tierra, la misma vida una, la misma esencia de ser y de existir; qué importan los colores de la piel, lo importante se lleva en el corazón y en el alma. Ruego a Dios que estas cortas líneas hayan servido para romper un poco esas barreras invisibles que separan a los hombres de los hombres.

Bibliografía
Enciclopedia Universal Europeo Americana. Espasa Calpe S.A.
El Tesoro Cátaro. Gérard de Séde. Plaza y Janés.
Los Vascos. Julio Caro Baroja. Ediciones Istmo.
La Mística solar de los Templarios. Juan G. Atienza. Ed. Martínez Roca S.A.

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