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Los vikingos en América: algo más que un mito (II)

Carlos Albrecht Alba

Los vikingos en Islandia y Groenlandia

Los vikingos en América: algo más que un mito

A pesar de su éxito en las incursiones por Europa y las islas británicas, los vikingos buscan dónde establecerse. Entre el 860 y el 870 llegan a Islandia, conocida como Thule. Según la saga de Landmabók, el primer contacto corrió a cargo del sueco Gardor Suarsson, quien pasó el invierno en Usavik.

Naddod, vikingo noruego, llegó unos años después, pero fue otro noruego, Floki Vilgerdasson, quien llegó para establecerse. Su nave costeó el sur de Islandia, y en la primavera, Floki subió a la montaña y contempló enormes extensiones de hielo; le dio así el nombre de la “Tierra de Hielo”, Ice-Land o Islandia al lugar.

Los hermanos Ingólfur y Leif Hrodmarssom fueron expulsados de Noruega hacia el 870, decidiendo establecerse en Islandia, reuniendo gente, ganado y esclavos de Irlanda, hacia el 874.

Muerto a mano de sus esclavos Leif, tuvo Ingólfur la misión de afincarse definitivamente “donde las olas le arrojarán” y así funda en el 877 Reykyavik (bahía humeante), actual capital de Islandia y primera comunidad permanente en la isla. En la actualidad, a los hermanos Hrodmarsson se les considera los padres fundadores de Islandia.

En el siglo IX Haroldo el Rubio se constituyó en el primer rey de Noruega, poniendo fin a pequeños gobiernos locales. Haroldo se hizo rey a fuerza de guerrear, y sus contrincantes y muchos de sus súbditos huyeron en emigraciones masivas a la isla descubierta hacía pocos años (Islandia).

Hacia el 930, a 60 años para su descubrimiento, Islandia estaba completamente poblada. Según el Landmabók, había 400 familias colonas de toda condición social. Para el 975, la isla rebosaba de gente y su sostenimiento se tornaba angustioso… Había necesidad de buscar nuevas tierras. A raíz de una reyerta ocurrida en el 982, fue expulsado por tres años de Islandia el joven colono Eric el Rojo, quien decidió zarpar con un grupo de audaces navegantes hacia el oeste. Llega y explora durante esos años la tierra que bautizaría con el nombre de Groenland (“Tierra Verde”) para poder atraer a nuevos colonos a su regreso del destierro. Es de este modo como en el 985 llega con un grupo de colonos, que, según las sagas, se han calculado entre 400 y 500. Estos se distribuyeron por el interior y en las cabeceras de los fiordos. Eric, reconocido como jefe, se asentó en Brattahlid, emplazamiento cuya belleza es aún admirable.

La colonia sobrevivió durante más de cuatro siglos. Naves noruegas hacían travesías anuales para suministrar y comerciar con la isla. Posteriormente, a inicios del siglo XV, se extinguió dicha colonia por razones nunca esclarecidas, quizá ataques de esquimales, empeoramiento de condiciones climáticas o, tal vez, el resultado de epidemias.

¿El turno de América? El gran Leif Eriksson
Existen dos versiones del relato que narra el descubrimiento de las tierras allende Groenlandia: la saga del groenlandés y la saga de Eric el Rojo. El primer relato es considerado como más digno de confianza.

Según este, fue un comerciante llamado Bjarni Hergulfssen quien llegó primero a las costas de América del Norte. Zarpó de Noruega a Islandia en busca de su padre, quien había salido antes con Eric el Rojo, así que Bjarni siguió navegando durante dos días, mas llegó a una tierra que no correspondía a la descripción de Groenlandia: no había mal clima, ni fiordos, ni glaciares, pero… nunca se decidió a desembarcar; solo se limitó a describirla.

Sin embargo, unos quince años después, relata ya en la hallada Groenlandia su hallazgo de nuevas tierras, y es Leif Eriksson, hijo de Eric el Rojo, quien toma interés y recluta 34 voluntarios. Compra el barco de Bjarni y llega primero a la “Tierra de los glaciares” (Helluland), que se cree queda en Labrador o Terranova. El segundo desembarco ocurre en las tierras descritas por Bjarni: “la tierra de bosques” (Markland), quizá en Labrador, Terranova o Nueva Escocia.

Finalmente, navegaron remontando un río, construyeron refugios y pescaron salmones. Fue durante una expedición a pie cuando el germano Tyrkir aseguró desconcertado haber hallado vides. Leif constató que así era y embarcó las vides: funda Vinland, tierra de verdadero conflicto, cuya ubicación se ha pretendido situar desde Terranova hasta Long Island.

Hacia 1002 Thorwald, hermano de Leif, partió rumbo a Vinland; luego de muchas peripecias, tomó contacto con los llamados Skraeligs (voz que se refiere a indígenas) y le dieron muerte. Se le enterró en un lugar hoy conocido como Krossanes (Cabo de la Cruz).

Fue en 1005 cuando Thorfinn Karlserfni, mercader islandés, llega como huésped de Leif Eriksson a Groenlandia (Brattahlid). Se casa y se embarca a Vinland con 65 hombres, cinco mujeres y ganado, construye una casa, toma contacto con los skraeligs y su esposa Pudrid le da el primer europeo que se supone nace en América: Snorti. Los problemas tan severos con los indígenas le obligan a regresar a Groenlandia. Inmediatamente, fue la hija de Eric el Rojo, Freydis, quien viaja a Vinland, pero sin éxito para establecerse.

La saga de Eric el Rojo dice que fue Leif Eriksson y no Bjarni Heryulfsson el descubridor de Vinland; y describe también las luchas contra los skraeligs, en el viaje de Frejdis.

La inclemencia de la vida en las colonias groenlandesas indujo, muy probablemente, a viajes a Markland y Vinlad. Incluso en el 1290 hubo una efímera colonización de Terranova, patrocinada por el rey noruego Eric el Clerófobo. Sin embargo, pasarían dos siglos más para que el viaje de Colón despertase nuevo interés en estas líneas.

Los vikingos en América a la luz de la arqueología y la ciencia

El hecho de la llegada de Leif Eriksson 500 años antes de Colón parece bastante probable. Sin embargo, la escasa cantidad de testimonios arqueológicos dificulta una aseveración total.

El problema, por un lado, está en supuestas pruebas arqueológicas que han sido hechas ex profeso, así como muchos objetos vikingos de época, incluso, anterior al siglo VIII, colocados por colonos de los siglos anteriores y aun de nuestros días, lo que provoca malestar y acentúa la controversia.

Es muy importante recordar que en el siglo pasado se tenía a la Ilíada y la Odisea como simples obras literarias, de singular estilo y belleza, pero la existencia del mismo Homero era y es discutida. Pero fueron esos “fantasmas”, y no otros, los que permitieron a Enrique Schliemann y Arthur Evans mostrar al mundo descubrimientos asombrosos, como la legendaria Troya, Cronos, Micenas y Tirinto. Y ese mismo derecho debemos rescatar para las sagas. Si bien es cierto que hay datos poco precisos, contradicciones, leyendas y fantasías, son lo único de que disponemos, y han dado claridad en las zonas ya descubiertas, permitiendo aseverar que los vikingos llegaron a afincarse en Terranova y Groenlandia. Si bien son relatos literarios, tienen como fondo una realidad histórica.

Según los archivos vaticanos e islandeses, la vida en Groenlandia cesó en 1341 en el oeste, y el 16 de septiembre de 1408 se celebró un matrimonio en el este (Hvalsey). Lo demás conjetura en torno a si se fueron al interior del continente, murieron todos por la inclemencia del clima o fueron destruidos por los skraeligs.

En cuanto a Vinland, su ubicación se paseó desde la Florida, los Grandes Lagos y toda la costa este de Norteamérica… incluso hasta en Sudamérica.

Entre 1960 y 1968, el noruego Helge Ingstand, después de minuciosa y paciente investigación en nave por toda Montreal, trató de encontrar similitud en el terreno con las descripciones de las sagas. Es así como en 1968 se reconoció oficialmente la Ensenada Meadows como normanda. En ella se hallaron objetos de la época descrita en las sagas. Incluso, la UNESCO lo reconoce como patrimonio mundial de la Humanidad.

Epílogo

La búsqueda de más emplazamientos continúa, ya que los estudios liberados de intenciones forzadas acaban de empezar. Es evidente que hubo, por lo menos, un pueblo que llegó al Nuevo Mundo antes que Colón. La noticia del continente no solo no se extendió en Europa, sino que hasta se tomó con incredulidad de Europa a las Islas Británicas; luego, como una “caminata marina” fue viajar a través de las Hébridas, las Islas Feroes, Islandia y Groenlandia para dar el salto al continente. Si fue Eriksson o Bjarni Herjulfsson el primero en llegar, no interesa tanto como saber dónde se establecieron en definitiva.

El propósito de este artículo es, a la luz de la investigación respaldada por la arqueología y el análisis minucioso, mostrar, una vez más, que no es Colón en 1492 quien “descubre América” (ni él mismo lo supo cuando murió), sino que está probado que medio milenio antes llegaron estos intrépidos navegantes del norte. Este es su mérito y no se puede ocultar ni mucho menos despojarles de ello.

La importancia de Colón en la historia es infinitamente superior, en cuanto permitió el conocimiento definitivo y perfectamente cronológico de América, y aún más, su ruta fue puente de Europa hacia un mundo donde se afincó, colonizó, vivió e intercambió muchas cosas. Ese es el punto que distingue una llegada de la otra, punto trascendental que no hubo entre vikingos y skraeligs. Esta es la diferencia que marca la historia, al punto de a veces desfigurarla con falsos datos que, a fuerza de repetirlos, se convierten en endeble verdad.

Revisar la Historia, y también construirla, es la misión de todo filósofo…ayer hoy y siempre.

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