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Filosofía - Cultura - Voluntariado

Mitología de los árboles (I)

Gudrun Gutdeutsch

Introducción

El árbol representa una manifestación muy especial de las fuerzas y del poder divino. Fue venerado en todas las culturas y en todos los tiempos, y desde siempre estuvo íntimamente relacionado con el destino de los hombres.

Mitología de los árboles

En sus primeros tiempos históricos, Europa estuvo cubierta de selvas enormes, en las cuales aparecieron las primeras llanuras como islas en un mar verde. La vida del hombre en aquellos tiempos estuvo íntimamente ligada con la selva y con los árboles. El árbol alimentaba la llama, y la madera y el carbón vegetal fueron hasta hace poco tiempo los únicos combustibles. Por ello se dice que los árboles proporcionaban luz al hombre, al igual que madera como materia prima, fácil de trabajar y útil para muchos fines. Las abejas que habitan en los árboles le permitían obtener miel y cera, además de la recolección de frutos y bayas de los árboles, e incluso hayucos que se transformaban en harina y pan. El hombre aprendió pronto a resinar los árboles y a convertir la resina en brea, alquitrán, perfumes y aromas e incienso. Nuestros antepasados vivieron mucho tiempo con el árbol en una simbiosis intensiva. Por ello agradecían su presencia y veían en él el origen del mundo.
Manfred Lurker divide el simbolismo de los árboles en tres sectores, hacia los cuales está orientado este artículo. Lurker menciona el Árbol Cósmico, el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento. Estos tres aspectos del simbolismo del árbol se fusionan y, frecuentemente, en un árbol sagrado se encuentran reunidos dos y a veces los tres aspectos.

El Árbol Cósmico

El Árbol Cósmico es, frecuentemente, un árbol invertido, un “árbor inversa”. Representa la Creación como un movimiento descendente. Las semillas espirituales del árbol se encuentran en el cielo, en el mundo divino, y su corona se extiende sobre el mundo. Unifica los tres niveles del cosmos en un “axis mundi”: Cielo (mundo de los dioses), Tierra (mundo de los hombres) y mundo subterráneo (mundo de los muertos, de las energías cetónicas).

El Árbol Cósmico se ubica en el centro del mundo, en el Omfalos. Es el pilar central, la columna del centro, la cual apoya el mundo. El árbol se ubica entonces en un lugar sagrado. Los lugares sagrados antiguos forman un microcosmos: un paisaje de piedras, de aguas y árboles. La piedra indica aquí la duración y representa la realidad por excelencia, la indestructibilidad, lo estático. El árbol, con su renovar periódico, representa el poder sagrado de lo viviente; el agua y la fuente representan las fuerzas secretas del interior de la tierra, la semilla, la purificación. Ese paisaje microcósmico se reduce a un único elemento esencial: el árbol o pilar sagrado, que simboliza el cosmos.

El Árbol de la Vida

El árbol fue considerado como encarnación del principio vital, por una parte porque a través de su ciclo de las estaciones del año representa el retorno de la regeneración, y por otra parte, los coníferos siempre verdes son una encarnación de los principios inagotables y eternos de la vida. Por ello se ha mantenido hasta hoy en día en algunos lugares el rito de plantar un árbol al nacimiento de un niño, el cual le transmite su vitalidad. Además, el árbol aparece en muchas mitologías como portador de inmortalidad, es la planta que puede aportar la vida eterna, como el “Soma” de los Vedas o el “Haoma” del Avesta, que a veces se ve representado como fuente o bebida divina. Los frutos del Árbol de la Inmortalidad o la planta o hierba que puede otorgarla son siempre difíciles de alcanzar. Suelen ser custodiados y protegidos por monstruos, como por ejemplo el Árbol de las Hespérides, o el Árbol de la Vida en el paraíso bíblico. Estos árboles se encuentran al final del mundo, o en el cielo, como el melocotonero P´an mou de los chinos, el cual ofrece los frutos de la inmortalidad, o en cualquier otro lugar inaccesible, como la Hierba de la Vida que Gilgamesh tiene que recoger del fondo del océano.
El simbolismo resulta claro: la inmortalidad es difícil de adquirir, y se encuentra concentrada en un árbol o Pozo de la Vida, que se halla en un lugar difícil de alcanzar. El árbol está custodiado por un monstruo, y la victoria sobre ese monstruo tiene un significado iniciático: el héroe tiene que abrirse camino, tras haber pedido consejo a los “seres correctos”, y tiene que pasar por pruebas a través de las cuales tendrá el derecho a la inmortalidad.

El árbol encama, pues, la vida eterna. De cualquier modo, es curioso constatar que hay árboles que viven más de mil años, y parecen prácticamente inmortales para los hombres.

El Árbol del Conocimiento

El Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento se encuentran en estrecha relación. Sabiduría y conocimiento son difíciles de alcanzar, como la inmortalidad. Hay que realizar sacrificios inmensos y conseguir grandes victorias. Hay que alcanzar ese contacto directo con el Árbol del Mundo, el cual, a través de su función como axis mundi, posibilita la ascensión al mundo espiritual y la visión mística. El árbol sirve como canal hacia el conocimiento. Es el eje de la intuición, la fuente de la inspiración.
La carta n.º 11 de los tarots representa un sacrificio en el árbol. El Colgado simboliza al espíritu prisionero en la materia, el cual, a través del crecimiento mágico de las palmas, se libera de aquello que impide su desarrollo espiritual. Por ello pierde las monedas, es decir, sacrifica lo material para alcanzar el verdadero conocimiento.

Después de haber ilustrado estos tres aspectos generales del simbolismo del árbol, nos dedicaremos a algunos de los árboles sagrados más importantes, examinándolos a través de dichos aspectos.

El simbolismo del árbol en las diferentes culturas

 

1. Los germanos: el Yggdrasil

Mircea Eliade describió el Yggdrasil como el Árbol Cósmico por excelencia. Este árbol se encuentra en forma vertical y une los tres mundos. Sus raíces se hunden hasta el corazón de la tierra, hasta el Reino de los Gigantes, el mundo subterráneo de los dioses y el Reino de los Muertos. De esas raíces nacen tres fuentes, de las cuales una es Pozo de Juventud (Ura), otra regala sabiduría y conocimiento (Mimir) y en la tercera tienen su origen todos los ríos del mundo (Hvergelmir). Odín dejó en la segunda un ojo como sacrificio y allí regresa siempre para refrescar su sabiduría. Su tronco es el mundo de los hombres (Midgard), y su corona forma el cielo de los dioses (Asgard). Yggdrasil es también descrito como el Fresno del Mundo y como un roble. Este árbol ofrece vivienda a algunos animales: una cabra, un águila, un venado y una ardilla. En sus raíces vive un dragón (Nidhög), el cual intenta talarlo. Yggdrasil porta en sí los aspectos del Árbol Cósmico, del Árbol de la Vida y del Árbol del Conocimiento: las fuentes regalan el Agua de la Vida y la Sabiduría, y a través del sacrificio de Odín, el cual debe permanecer colgado nueve días y nueve noches de las ramas del árbol, le otorga el conocimiento superior.

2. India: hinduismo y budismo

a) El Ashvatha del Bhagavad Gita.
Ya en la tradición de la India en sus textos más antiguos (por ejemplo, el Atharva Veda) aparece el cosmos en la forma de un gran árbol. En los Upanishads, el universo aparece como un árbol invertido, “arbor inversa”.

En el Bhagavad Gita (XV, 1.4) el Árbol Cósmico no solo representa el universo, sino también la posición del hombre en el mundo. El original dice:

“(Él tiene) Raíces dirigidas hacia arriba y sus ramas hacia abajo, sus hojas son los himnos de los Vedas”. Así se habla del Ashvatha imperecedero. Aquel que lo conoce, es un conocedor de los Vedas.
Sus ramas se abren hacia abajo y hacia arriba, alimentadas por las Gunas; sus capullos son los objetos de los sentidos; y las raíces, unidas con el Kahana, se extienden hacia abajo en el mundo de los hombres.

En la tierra no puede percibirse ni su fin ni su inicio ni su existencia. Si se ha talado este Asvatha fuertemente enraizado con la espada de la “no-agresión”, entonces hay que buscar el lugar, del cual, cuando se ha alcanzado, no se regresa jamás, (pensando): “yo me refugio en Él, el Purusha primordial, del cual fluye el devenir eterno”.

El Ashvatha es un símbolo de Prakriti. El origen de la Creación es Dios; por ello el árbol tiene sus raíces hacia arriba. Las ramas son los estadios diferentes de la Creación y por ello se extienden hacia abajo. Las hojas que cuelgan de las ramas son los himnos y las reglas de sacrificio de los Vedas, a través de los cuales el árbol, o sea, la Creación, se mantiene viva. El Ashvatha es imperecedero, porque Prakriti también lo es. Las raíces están “unidas con el karma”, o sea, ellas son, por una parte, el resultado del karma, y por otra, se dirigen a través de su adhesión a lo terrenal (es decir, la satisfacción de los sentidos) hacia nuevos lazos kármicos.

No podemos entender mucho el Ashvtha con nuestra mente humana; no sabemos por qué estamos aquí, de dónde venimos ni hacia dónde vamos (esto significa que no comprendemos “ni su fin, ni su inicio, ni su existencia”).

b) El nacimiento de Buda debajo del Ashoka.
El Ashvatha no es sólo el Árbol del Conocimiento; juega un papel muy importante en la vida del Buda. Según diferentes leyendas, toda la historia de la vida del Buda está íntimamente relacionada con árboles, debajo de los cuales se realizan siempre los acontecimientos de mayor significado.
Al sentir Maya que la hora del nacimiento de su hijo había llegado, se dirigió al jardín de Lumbini, porque tenía que dar a luz al futuro Buda en un bosquecillo sagrado. Tranquila, con una mano apoyada en el árbol Ashoka, trajo a su hijo al mundo.

c) La iluminación debajo del árbol Bodhi.
Ya desde su niñez Buda había sentido una gran vivencia de felicidad a la sombra de un manzano. Acordándose de ello se sentó en la ribera del río Nairanjana en un bosque sagrado. Después de haber rodeado el árbol siete veces y de haberle ofrecido sacrificios, se sentó al lado de su tronco con la decisión fija de no levantarse hasta recibir la iluminación.

Se dispuso a meditar y entonces apareció Mara, el Rey de la Ilusión, e intentó tentarlo. Buda soportó todas las tentaciones. También cuando los monstruos terribles, los demonios y bestias le atacaban, permaneció inmóvil. Buda llevó a cabo las tres vigilias, al término de las cuales recibiría la iluminación.
Esta confrontación con los poderes del mal representa el descenso del Buda al mundo subterráneo, a través del canal del árbol. Un episodio muy extendido en los numerosos mitos heroicos es el motivo en el cual un héroe, antes de alcanzar el conocimiento o la inmortalidad, tiene que descender al mundo de las sombras (por ejemplo, Heracles). Según Carl Gustav Jung, desde el punto de vista psicológico esto significa que el héroe tiene que confrontarse con sus propias sombras, con sus adhesiones instintivas y su naturaleza animal antes de finalizar las pruebas para poder integrarlas a su conciencia.

Después de que Buda ha superado todas las tentaciones, se encuentra maduro para ascender a través del canal del árbol a los niveles más altos y encontrarse directamente en el mundo espiritual. En una visión directa se la dará la iluminación.

d) La muerte debajo de los árboles de Sala.
Cuando el Buda sintió que sus fuerzas lo abandonaban y la muerte se acercaba, se dirigió a un bosque sagrado de árboles de Sala a las riberas del río Hiranyavati. En un bosque sagrado encarnó el Buda, y también en un bosque sagrado debía abandonar su cuerpo. Ordenó a su discípulo Ananda preparar un lecho a la sombra de dos árboles. Y debajo de dos árboles gemelos, que daban sombra a su cabeza y a sus pies, el Buda abandonó este mundo. En el momento en que alcanzó el Nirvana en profunda meditación (al cual renunció), los árboles de Sala empezaron a florecer, a pesar de no ser la estación indicada, y dejaron caer sus flores sobre el cuerpo inanimado, donde se mezclaron con aquellas que los dioses dejaron caer del cielo.

3. Mesopotamia: Kiskanu

Las tradiciones babilónicas nos hablan de un árbol en el centro del mundo, el cual ya conocían los sumerios. “En Eridu ha crecido un Kiskanu negro, creado en un lugar sagrado; su brillo es como los rayos de lapislázuli, y se extiende hacia el Apsu. Este es el sitio donde Ea deambulaba en el Eridu exuberante, su domicilio es un lugar de reposo para Bau…”.

Kiskanu reúne todas las condiciones del Árbol Cósmico: se levanta en el centro, en un lugar sagrado. Eridu era la ciudad sagrada del dios Ea. El brillante azul profundo –como el lapislázuli– indica en todo caso su función cósmica: él representa el espacio cósmico, la noche estrellada. Además de eso, se expande hacia Apsu, el mundo subterráneo, el abismo primordial. Esto significa que es un “arbor inversa”, un árbol invertido, enraizado en el cielo y extendiendo sus ramas sobre la tierra. Además, Kiskanu nos muestra su función como Árbol de la Vida, porque es el domicilio de los dioses de la fecundidad y de la formación (artes, agricultura, escritura, etc.) y el lugar de reposo de la madre de Ea, la diosa Bau, que es una divinidad de la abundancia, de los rebaños y de la agricultura.
En las representaciones del viejo Oriente, el Kiskanu es el prototipo de los árboles sagrados babilónicos. Está acompañado siempre de los diferentes símbolos, emblemas o animales heráldicos, lo que señala su papel cosmológico exacto. En algunas representaciones las estrellas también se encuentran agrupadas junto a él. Una imagen del Árbol Primordial fue también hallada en Mohenjo-Daro, la capital de la civilización del gran río Indus.
El Kiskanu es representado como una palmera de dátiles, de lo cual se trasluce su papel directo como Árbol de la Vida: el dátil era el alimento básico más importante.

4. Persia: Gaokarana y Haoma

En el Avesta es célebre el árbol Gaokarana, el que fue creado por Ahura Mazda. Es el árbol de las diez mil medicinas, llamado Vispo (el que todo lo cura). Se levanta en una isla del lago divino Vourakasha, donde brotan también otras mil hierbas curativas. En sus ramas anida el pájaro Saena.
Ese Gaokarana es el Haoma celestial, el que otorga la inmortalidad. Ahriman creó un lagarto, que fue el contrapeso a la creación de Gaokarana. La tarea del lagarto era la de hacer daño al árbol milagroso de Gaokarana (puede compararse al dragón Nidhög, que roe las raíces del Yggdrasil).

Su reflejo en la tierra es el Haoma terreno, que crece en las montañas y que en los tiempos de los inicios fue plantado en el monte Haraiti.

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