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Mitología de los árboles (II)
Gudrun Gutdeutsch
El simbolismo del árbol en las diferentes culturas (cont)
5. China: Kien-mou
Para los chinos el centro del universo o el lugar en donde debía ubicarse la capital perfecta fue representado a través de Kien-mou (o madera vertical). La madera era en China el 5.º elemento y tenía la misma importancia que la tierra, el agua, el aire y el fuego.
Kien-mou es el árbol de la renovación, así como del inicio absoluto, el inicio del mundo. Reúne las “Fuentes Novenas” (el reino de los muertos) con los “Cielos Novenos”, y los subsuelos del mundo con sus niveles más altos. En su tronco hueco ascienden y descienden los soberanos, que son los soles de los hombres, los intermediarios entre el cielo y la tierra.
A ambos lados del Kien-mou se levanta, al este, el árbol P´an mou; es un melocotonero cuyos frutos otorgan la inmortalidad. El zumo de estos melocotones es elaborado por la Reina Madre Wang. Sobre el árbol, en el oeste, reposan los diez mil soles en la tarde.
En otras imágenes del mundo, el K´ong-sang, una morera hueca, recibe el papel principal. Esta morera es hermafrodita y probablemente es más antigua que la separación del yang y el yin, la dualidad. Por ello simboliza el Tao mismo, el orden cósmico, el principio universal.
6. Egipto: el sicomoro
Desde los tiempos más antiguos, en Egipto los árboles son objeto de veneración divina, tal vez también porque eran muy escasos. Al este del cielo se encuentra el alto sicomoro, un Árbol Cósmico sobre el cual los dioses están sentados. Al frente, al oeste, en la frontera del desierto, vivía la “Señora del Sicomoro”, la diosa vaca Hathor, la que ha creado el mundo y todo lo que allí hay. Lleno de compasión, el sicomoro hace descender su follaje, saluda a los recién muertos y les da la bienvenida con agua y pan. Con ello les alcanza el alimento y la bebida, con lo que les asegura la vida después de la muerte. Sobre las ramas del sicomoro se sientan las almas de los muertos en forma de pájaro. Gracias a la ayuda del árbol sagrado las almas regresan al seno del mundo divino, de los seres eternos, que simplemente habían abandonado por la duración de una vida humana.
En las representaciones egipcias se encuentra frecuentemente el motivo del Árbol de la Vida, del cual nacen brazos divinos que están llenos de regalos y que riegan el Agua de la Vida de un recipiente.
7. Grecia
En el mundo prehelénico egeo la gran diosa madre Rhea, como representante del matriarcado, se encuentra siempre en estrecha relación con el culto del árbol. El árbol es la fuente abundante de la fecundidad y, por ello, Rhea está representada junto a una planta simbólica o debajo del Árbol de la Vida. La relación diosa-árbol es la expresión de un simbolismo central. La gran diosa es la personificación de la fuente inagotable de la Creación. El árbol expresa el espacio en su regeneración eterna. El árbol es también, como hemos visto al inicio, siempre un símbolo del centro del mundo, la axis mundi. Es el árbol de la vida eterna o de la sabiduría. Con ello nos muestra el complejo gran diosa-árbol que la vida, la fecundidad, el crecimiento y la inmortalidad tienen su origen en la Vida Una, el principio universal vital. También es un aspecto de la Gran Madre o de la mujer sabia.
En la mitología clásica se atribuye a cada dios un determinado árbol, y al examinar estas atribuciones se constata que siempre están llenas de sentido y que el árbol correspondiente se halla en estrecha relación con la personalidad de cada dios. Aquí presta ayuda el estudio de la dendrología (conocimiento de los árboles). Seguidamente, ofrecemos una pequeña presentación de las correspondencias más importantes:
Zeus-roble
Poseidón-fresno
Hades-mirto
Hera-manzana, peral o sauce
Atenea-olivo
Apolo-laurel, palma, olivo, tamarindo
Dionysos-vid, higuera, hiedra, pino
Perséfone-álamo, sauce
El roble: en Epiro, en el nordeste de Grecia, se encontraba el oráculo más antiguo de Grecia, el roble sagrado de Dodoma. El oráculo era dirigido por tres sacerdotisas, las Peleidades o Peristeres (significa “palomas”). Su tarea era la interpretación del sonido de las hojas originado por el viento. Según Platón, las sacerdotisas realizaban los oráculos en éxtasis. Los griegos otorgaban al lugar del oráculo en Dodoma una gran antigüedad; decían que se remontaba a los tiempos de los pelasgos. Supuestamente, predijo a Heracles el fin de sus doce trabajos y, con ello, su muerte.
El culto de los robles y las mitologías acerca del roble estaba muy expandido en toda Europa en los tiempos anteriores a Cristo. En tiempos arcaicos se creía que el roble había dado nacimiento a los hombres: así, los arcadios sostenían que ellos mismos habían sido robles antes de llegar a ser hombres. Encontramos una tradición similar en los germanos; según esta, los primeros hombres fueron formados de dos cepas de árboles. La idea de que los hombres provienen de la madera pertenece a la herencia cultural europea. Quizá tenga que ver con el hecho de que la fricción de dos maderas puede generar fuego. De esta extraña manera nació Agni, el dios hindú del fuego. Y el hombre porta en sí la chispa, el fuego que Prometeo recogió del Olimpo en un tronco hueco…
El olivo: para los griegos no había fruto más utilizado que la aceituna, por lo cual el olivo tenía una consideración especial. Este proporcionaba productos importantes; las aceitunas y, ante todo, el aceite, que no solamente se utilizaba en la cocina, sino también para el alumbrado y para el cuidado del cuerpo. Era sagrado para Atenea, que hizo crecer el primer olivo en la Acrópolis después de la disputa con Poseidón por el Ática.
También para los hombres el olivo era un árbol sagrado. Le consideraban como el regalo más valioso de Yahvé. De ellos se transmitió la veneración del olivo a los árabes, y en el islam el olivo es el Árbol del Mundo por excelencia, su centro y pilar de apoyo.
8. Roma
También en Italia existen numerosas tradiciones sobre robles sagrados. Se supone que las siete colinas de Roma estaban cubiertas de bosques de robles dedicados a Júpiter. El fuego sagrado de Roma, mantenido por las vestales, se podía alimentar sólo con madera de roble. Una corona de hojas de roble se utilizaba como signo de victoria, y esta costumbre se ha mantenido hasta hoy en día en las asociaciones deportivas tradicionales en muchos países. También el higo juega un papel muy importante; sus mitologías son numerosas, como las de la aceituna. En Roma se veneraba la higuera, que solía tener también una función sagrada. Una higuera fue venerada de una forma especial en el foro romano, ya que se suponía que fue ella la que alimentó a los fundadores del Imperio. Estuvo dedicado a Marte, porque él procreó juntamente con Rhea Silvia a los gemelos Rómulo y Remo.
Las Metamorfosis de Ovidio son una colección de numerosas tradiciones. En los tiempos de Ovidio estas tradiciones eran conocidas solo como fábulas, pero reflejan creencias muy antiguas. Seguramente, estas narraciones se basaban en el conocimiento de los sabios de la Antigüedad acerca de los Elementales, de genios habitantes en árboles y plantas.
Ovidio explica en sus Metamorfosis la transformación de una ninfa en un árbol o en un arbusto como única posibilidad de evadir una gran amenaza. Las ninfas podían transformarse en cualquier tipo de árbol, porque existía siempre una relación clara y definida entre ellas y su padre (el que frecuentemente realizaba la transformación) y, por otro lado, entre ellas y el tipo de plantas. Como ejemplos, presentamos los siguientes:
Dafne fue perseguida por Apolo y transformada en un laurel.
Leuke fue perseguida por Hades y transformada en un álamo de plata.
Filira, que procreó con Cronos el centauro Quirón, fue transformada en un sauce.
Karia, que murió de pena por sus hermanas, fue transformada en un nogal por Dionysos.
Filemón y Baucis fueron transformadas a su muerte por Júpiter y Mercurio en un roble y un tilo.
9. Los celtas
Los árboles, las plantas y las hierbas tenían una gran importancia para los celtas. Para ellos toda la Naturaleza estaba animada y penetrada de fuerzas y energías. A través de esa conciencia profundizaban en la magia de las plantas y lograban conocimientos muy extendidos.
Los templos de los celtas eran bosquecillos o bosques sagrados. Antes de su asimilación a los griegos y la conquista de los romanos no construían templos. Muchos autores informan sobre torres sagradas, pero se refieren siempre a un lugar en el bosque, a un calvero. César, en su Guerra de las Galias, nos informa sobre sus tradiciones. El santuario típico celta estaba situado, pues, en pleno bosque. El nemeton era un lugar de intercambio sagrado entre el mundo divino y el mundo de los hombres. Todo nemeton es un omfalos, es decir, un centro del mundo.
En el centro de los rituales druidas se encontraban robles, de los cuales crecían muérdagos. La poda de los muérdagos se realizaba en el sexto día del ciclo lunar. El druida, el sacerdote de los celtas, cortaba las ramas personalmente con una hoz de oro. La hoz de oro contenía símbolos lunares y solares, el oro como símbolo del sol y la hoz como símbolo de la luna. Las ramas se juntaban en una tela blanca, y los druidas tenían que portar también una vestidura de color blanco.
Los árboles del culto de los druidas eran el tejo, el avellano, el serbal y el roble. El roble era un símbolo de conocimiento y poder. Cuando en él crecía un muérdago, significaba que el dios estaba presente en ese árbol. El muérdago se consideraba símbolo de la fuerza siempre fresca de la vida, pues mientras que en el invierno todas las otras plantas se encuentran en un estado recogido, casi sin vida (la savia no circula por el tronco ni por las ramas, sino que se encuentra concentrada debajo de la tierra en una parte de la raíz), el muérdago porta en sus ramas frutos blancos, encarnando así la fuerza juvenil de la vida eterna y representando la inmortalidad.
El manzano jugaba también un papel muy importante. La isla de Avalón era una isla mística llena de misterios ubicada al oeste y en cuyo suelo había numerosos manzanos que cargaban la inmortalidad, el conocimiento y la sabiduría. En la mitología griega las manzanas de las Hespérides tienen el mismo significado; también se encuentran en un lugar desconocido al final del mundo.
Un motivo celta conocido es la llamada “batalla de los árboles” (“Cad Goddeu”), que es mencionada por J.R. Tolkien en su obra El señor de los anillos. La versión popular de este mito cuenta cómo Gwydion protegió a los bretones de las islas de una terrible derrota convirtiéndolos en árboles y troncos, dejándolos así triunfar sobre sus enemigos. Según Robert Graves, en su interpretación no se trata aquí de la descripción de una batalla física, sino de una confrontación espiritual en las mentes de los sabios druidas, una forma de disputa filosófico-esotérica.
Se sabe también que en todos los idiomas celtas los árboles expresan letras definidas, y el alfabeto irlandés, el “Beth-Luis-Nion” (“abedul-fresno-serbal”) toma su nombre de los primeros tres árboles de una serie cuyas iniciales forman el ciclo completo de sus letras. Este alfabeto puede ser estudiado como parte de la enseñanza druida. Fue transmitido a través de siglos en forma verbal, y se compone de 5 vocales y 13 consonantes. Ya que el alfabeto se compone de 13 consonantes y un año de 13 meses lunares, se puede ver enseguida que este alfabeto representa el calendario sagrado. A cada árbol se le otorga un mes. El primer mes está atribuido al abedul, el cual es un árbol de luz (entre otras cosas por su corteza blanca y sus hojas de color verde claro). 5 de los 18 tipos de árboles del alfabeto celta (13 consonantes y 5 vocales) están incluidos dentro de las 38 flores del Dr. Edward Bach.
Estas flores del Dr. Bach deben servir a la armonización de estados negativos del alma o debilidad del carácter. Esa cura o método de armonización a través de flores fue desarrollado por el Dr. Edward Bach en los años 30. El clarividente Bach encontró, a través de experimentos en sí mismo, que determinadas flores pueden influir de forma positiva en los planos del hombre. Su método se basa en la transmisión de la fuerza de las flores a fuentes frescas de agua. Las flores deben ser arrancadas sin contacto con las manos (se usan guantes de algodón) y luego deben ser puestas en fuentes frescas de agua. Bajo el influjo del sol le transmiten su energía al agua. De las 38 flores que Bach propone para su método de curación, 18 de ellas pertenecen a árboles.
10. Judaísmo: el árbol Sefirot
En las enseñanzas esotéricas de los hebreos, la Cábala, se habla del árbol invertido como descripción del proceso descendente de la Creación. El Árbol Sefirot es una imagen de la creación, un diagrama de los principios que rigen todo el universo. Representa el descenso de las energías divinas en el mundo material y su nuevo ascenso.
En lo más alto del árbol se encuentra la Corona, Kether. Es la unidad de la cual surgen las otras nueve emanaciones de lo Divino, los Sefirot, las Esferas de Dios. Los Sefirot son atributos, fuerzas y posibilidades de lo divino, los cuales nacen de la energía primordial, y escalón tras escalón, descienden en la materia, es decir, encarnan.
El Árbol Sefirot está formado por tres columnas verticales. En la cúspide del que se ubica en el centro se encuentra Kether; en lo más alto del pilar derecho, Chochma, el principio masculino primordial; y en la cúspide del pilar izquierdo se encuentra Binah, el principio femenino primordial. Chochma y Binah representan así la primera dualidad, y los tres primeros Sefirot juntos (Kether-Chochmah-Binah) forman la Tríada Cósmica.
La columna central, en cuya punta se encuentra Kether, termina en Malkuth, el Reino. Malkuth es la corona del árbol invertido, la manifestación realizada y materializada, o sea, el mundo físico que nos rodea.
Otro símbolo exotérico judío es la Menorah, el candelabro de siete brazos (el árbol Sefirot tiene 7 niveles o 7 Sefirot debajo de la Tríada Cósmica). La Menorah tiene la misma forma que el Árbol de la Vida mesopotámico, con 7 ramas principales, que también corresponden a los 7 planetas.
11. Cristianismo: el Árbol del Conocimiento y el Árbol de la Vida
En la mitología cristiana los árboles también juegan un papel importante. Las tradiciones mesopotámicas han servido de base, probablemente, para los árboles bíblicos que encontramos en el Jardín del Edén. Según ellas, se elevan dos árboles a la entrada del cielo del Este: el Árbol de la Verdad y el Árbol de la Vida.
Según la conocida leyenda bíblica, Eva es seducida por la serpiente e impulsada a comer el Árbol del Conocimiento, lo que trae como consecuencia la expulsión del Paraíso. Existen muchas interpretaciones acerca de este motivo. Como filósofos, consideramos esta falta contra una ley “divina” como un acto iniciático hacia la conquista de la conciencia. La serpiente, que es símbolo de la sabiduría en la mayoría de las tradiciones, motiva a los hombres a abrir los ojos y llegar al conocimiento. Ella custodia también el Árbol de la Vida, al que pueden descubrir los primeros hombres después de haber abierto los ojos. La inmortalidad no es fácil de alcanzar, en especial para Adán y Eva. Dios les destierra y a partir de este momento, el hombre es responsable por sí mismo y tiene que ganar su propia inmortalidad.
La cruz, en la que el Avatara Jesucristo es sacrificado, representa, según una leyenda muy difundida en la Edad Media en una relación secreta, el Árbol de la Vida y del Conocimiento. A través de su crucifixión, Cristo nace por segunda vez. Por otro lado, la crucifixión recuerda también el sacrificio propio de Odín, el que a través de dicho motivo alcanza la sabiduría (la cruz es una forma de expresión del árbol).
Para los cristianos la cruz tiene la función del Árbol del Mundo: es portadora de este y se encuentra en el centro, en el lugar que relaciona cielo, tierra y mundo subterráneo. En diferentes versiones, la madera de la cruz tiene 7 peldaños, lo que representa los 7 cielos de otras tradiciones.
12. Tenochtitlan
También en el Codex Borgia encontramos la representación de un Árbol de la Vida: en el centro, en el lugar del cruce de todas las direcciones y del encuentro entre lo de arriba y lo de abajo, se eleva el árbol colorido del cuerpo de una diosa de la Tierra, la cual representa el Oeste. A un lado se encuentra Quetzalcoatl, la “serpiente emplumada”, que reúne aspectos subterráneos y celestes y cuya historia mítica habla de su muerte, renacimiento y vida eterna como el planeta Venus. Al otro lado se encuentra Macuilxochiti, que es idéntico a Xochipilli, el príncipe de las flores, semejante a Xipe Totec. Este se presenta vestido con la piel de un hombre sacrificado, un símbolo del nuevo vestido que la tierra se pone en primavera y, en una clave esotérica, del sacrificio de la personalidad.
También este árbol reúne los elementos simbólicos de la fecundidad y de la eternidad, es decir, es una expresión de vida y del simbolismo del Árbol Cósmico.
Con esta corta visión de América termina este tratado acerca de los roles y las mitologías de los árboles en las viejas culturas. Hay todavía mucho más por estudiar sobre este tema. Este modesto artículo desea contribuir al entendimiento de un orden del mundo que une al hombre con la Naturaleza.