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Orígenes mitológicos de las constelaciones zodiacales (II)

Juan Carlos del Río

Como decíamos en la cita anterior, la Astrología, hermana mayor de la Astronomía no consiste tan sólo en aventuradas predicciones, sino que en su origen era lo que alentaba y vivificaba la consecución de los conocimientos astronómicos. Según HPB, la Astrología iría aún más lejos que la Astronomía:

Orígenes mitológicos de las constelaciones zodiacales

La astrología es ciencia tan exacta como la astronomía, con tal de que las observaciones sean también exactas, pues sin esta condición una y otra ciencia incurrirán en error. La astrología es a la astronomía como la psicología a la fisiología, y tanto en astrología como en psicología es preciso ir más allá del mundo visible y entrar en los dominios del trascendente espíritu.3

La astronomía y la fisiología son los cuerpos; la astrología y la psicología, las almas. Las primeras caen bajo el estudio de los ojos corporales; las segundas bajo el de “los espirituales”; pero Todas son ciencias exactas.4

No debemos por lo tanto, en opinión de H.P.Blavatsky, menospreciar los conocimientos astrológicos de la Antigüedad:

Basta abrir cualquier tratado de astrología y comparar la Fábula de las doce mansiones con los modernos descubrimientos astronómicos respecto a la constitución de los planetas, para advertir que los antiguos la conocían perfectamente sin necesidad del espectroscopio, pues las simbólicas representaciones de los dioses del Olimpo y los doce signos del Zodíaco con sus especiales cualidades, nos indican hasta cierto punto las proporciones de calor y luz recibidas del sol por cada planeta.5

Equinoccios

Algunos términos astronómicos

Para poder adentrarnos en el conocimiento del Zodiaco, necesitaremos ver en primer lugar el movimiento aparente del Sol en torno a la Tierra. Aunque ya desde la Antigüedad se conocía la rotación de la Tierra en torno al Sol, para efectos prácticos de observaciones realizadas desde nuestro planeta, es necesario considerar como todo el Universo girando a nuestro alrededor, debido a nuestra diaria rotación. Y considerar asimismo el camino del Sol con respecto a la traslación anual. De esta forma, el Sol recorre en un año el círculo de la eclíptica. Cuando nuestra estrella se coloca en alguno de los dos puntos de corte entre la eclíptica y el ecuador celeste, ésta se encuentra en el equinoccio (de primavera o de otoño). En esos puntos el Sol se coloca a la altura del ecuador celeste, sus rayos inciden con igualdad tanto en el hemisferio norte como en el sur, y la duración del día es igual a la de la noche (equi-noccio). Tras el equinoccio de Primavera (21 de marzo) para el hemisferio N, el Sol sigue ascendiendo y llega al punto de máxima altura y perpendicularidad sobre éste. En ese momento (22 de junio) se produce el solsticio de verano para el hemisferio N y el de invierno para el sur, ocurriendo el día más largo en el primero y el más corto en el segundo. A partir de ese instante, el sol inicia de nuevo su acercamiento al ecuador celeste, momento en que se produce el nuevo equinoccio (22 de septiembre). Por último, el Sol llega en el solsticio de invierno para el hemisferio N y de verano para el sur.

Así podemos entender por qué, dependiendo de la época del año, el observador ve al mediodía llegar al Sol un poco más arriba o más abajo. Este hecho es debido a la perpendicularidad mayor o menor que haya entre el punto terrestre en cuestión y el Sol en un momento preciso. En el solsticio de verano el astro rey alcanza la máxima altitud al mediodía solar y, en el solsticio de invierno, la mínima.

Con respecto al ecuador celeste, el plano de la eclíptica está inclinado en un ángulo aproximadamente de 23º 26'. Esa inclinación es la que determina que las estaciones se alternen. El ángulo va disminuyendo de más o menos 1/2 segundo al año. Esta variación es la que se conoce con el nombre de precesión de los equinoccios. Por este motivo los actuales signos zodiacales no corresponden a la ubicación que tenían en la Antigüedad.

EquinocciosLos signos zodiacales se delimitan a partir de los puntos equinocciales y solsticiales. El zodiaco está formado por 12 porciones exactamente iguales en longitud, siendo éstas de 30 grados (30º x 12 = 360º), formando los signos zodiacales: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario, Piscis. Los puntos solsticiales y equinocciales dividen al zodíaco en cuatro cuadrantes, cada uno con tres signos zodiacales (fig. 24). El Zodiaco propiamente dicho sería la zona de la esfera celeste que se extiende 8,5° a ambos lados de la eclíptica, o trayectoria aparente que el Sol describe alrededor de la Tierra en el año.

Origen del zodiaco

El descubrimiento del zodiaco se atribuye a los pueblos de Mesopotamia. Éstos observaron el aparente curso del sol entre las estrellas, recorrido que actualmente se lo conoce como eclíptica, porque en esa línea se producen los eclipses.

Bajo el reinado del rey Nabucodonosor II de Babilonia (604-562 a.C.) se fijaron las 12 constelaciones zodiacales asociadas una a cada mes:

Mes  Traducción Constelación actual
Nisanu El Aparcero (Luhunga) Aries
Ayaru El Atacante (Gudanna) Tauro + Pléyades
Simanu Pastor celeste y los gemelos Orión + Gémini
Du’uzu El Cangrejo (Allul) Cáncer
Abu El León (Urgula) Leo
Ululu La Espiga (Absin) Virgo
Tashritu La Balanza (Zibanitum) Libra
Arajsamna El Escorpión (Girtab) Escorpio
Kislimu “Salvaje toro de muslos moteados” (Pabilsag) Sagitario
Tabetu La Cabra-Pez (Suhurmash) Capricornio
Shabatu El Grande (Ea) Acuario
Adara El campo (Iku) y las colas de pez Parte de Piscis

Pero hay constancia del conocimiento del Zodiaco, tanto en las antiguas culturas de Occidente, como en África, Sudamérica, India, China, en definitiva, en todo el mundo y prácticamente las divergencias existentes son mínimas.

Los chinos hablaban de doce reinos feudales: "los Cheus", que existieron en el origen de los tiempos y que al morir fueron a habitar sobre cada uno de los signos del zodiaco. También el zodiaco chino se compone de doce animales, aunque diferentes de los de la tradición occidental. Éstos son la rata, el buey, el tigre, el conejo, el dragón, la serpiente, el caballo, la cabra, el mono, el gallo, el perro y el cerdo.

Existe una etimología alternativa a la que mencionamos de la palabra zodiaco: para algunos zodiaco proviene del hebreo “zodi” que significa camino. Entre los hebreos, al zodiaco se lo conocía como "mazarot", según el targúm, "el que rodea a su tiempo señalado". Esto nos recuerda al símbolo del sello de Salomón, adoptado por las sociedades teosóficas medievales, cuya configuración muestra una serpiente en postura circular mordiéndose la cola (el ouroboros), asegurando la rotación de las energías.

Entre los egipcios, el paso del tiempo y sus ciclos eran medidos con exactitud. Para ellos la bóveda celeste era un espacio vivo, era Nut, la diosa de los cielos. Pero la imagen más característica de los conocimientos zodiacales del Antiguo Egipto es el famoso Zodiaco encontrado en Denderah, dividido en 36 partes o decanatos estelares.

A cualquier investigador, no debe de dejarle parecer algo más que casualidad estas coincidencias entre las representaciones zodiacales entre unas y otras culturas.

En el caso del cristianismo, éste trató en varias ocasiones sustituir los nombres de origen griego o romano, por otros cristianos. Beda el Venerable intentó en el siglo VIII sustituir los nombres de las doce constelaciones por los nombres de los doce apóstoles. Durante la época barroca Julius Schiller intentó cambiar las denominaciones clásicas por otras referentes al mundo religioso (nombres de papas, obispos, santos, etc.) pero tampoco fructificó.

Según H.P.Blavatsky, no deberíamos sorprendernos con la identificación de animales con fuerzas sagradas:

Tampoco [el cristianismo] ha olvidado los animales sagrados; y su zoolatría evangélica, con su Toro, Águila, León y Ángel (en realidad el Querubín o Serafín, la Serpiente de fuego alada), es tan pagana como la de los egipcios o la de los caldeos. Estos cuatro animales son, realmente, los símbolos de los cuatro elementos, y de los cuatro principios inferiores en el hombre. Sin embargo, corresponden física o materialmente a las cuatro constelaciones que forman, por decirlo así, el équito o cortejo del Dios Solar, y que, durante el solsticio de invierno, ocupan los cuatro puntos cardinales del círculo zodiacal. Estos cuatro “animales” se ven en muchos de los Nuevos Testamentos católico–romanos en que se hallan los “retratos” de los evangelistas.6

 

3 Isis sin Velo, tomo I. Pág. 185.

4 DS volumen 5. Pág. 135.

5 Isis sin Velo, tomo I. Pág. 190.

6 DS volumen 2, sección 6. Pág. 68.

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