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El simbolismo de las Musas (I)
Paula Reolid González
La Musa es una figura como no se ha revelado a ningún otro pueblo. Es la Diosa de la Verdad en el sentido más elevado. Los rapsodas y poetas, los que hablan la verdad, se llamaban a sí mismos sus servidores, sus secuaces o "profetas", y le dedicaban su veneración piadosa y ritual. Eran plenamente conscientes de no poder reivindicar para sí lo que nosotros tan soberbiamente llamamos fuerza creadora, sino que no se consideraban más que escuchas, mientras que la Diosa misma es la que canta.
Las Musas eran ninfas relacionadas con ríos y fuentes, espíritus de las aguas. Se les atribuían virtudes proféticas, así como la capacidad de inspirar toda clase de poesía. En un desarrollo ulterior se convirtieron en inspiradoras y protectoras de toda forma de Arte y pasaron a presidir toda manifestación de inteligencia.
Esencia y origen
Era bien conocido el mito según el cual un rol en el
gobierno del mundo de Zeus correspondía a las Musas.
Píndaro, en su célebre Himno a Zeus, hoy lamentablemente
perdido, narra que éste, consumada la creación
del mundo, preguntó a los Dioses, sumidos en silenciosa
admiración, si faltaba algo para que éste fuese
perfecto. -Sí -respondieron-, falta algo: una voz para
alabar las grandes obras y la completa creación en
palabras y música. Se necesitaba para ello un nuevo
espíritu divino, y de ese modo los Dioses pidieron
a Zeus que creara a las Musas.
Hesíodo nos cuenta que Zeus se unió a Mnemosine
(Memoria) durante nueve noches, y que, cumplido el tiempo
regular, ella dio a luz a la vez, en parto nónclupe,
cerca de la cima del nevado Olimpo, a las nueve Musas que
hoy conocemos.
En la Edad Heroica, las Musas eran tres y formaban una trinidad
indivisible, como reconocieron los sacerdotes católicos
medievales cuando construyeron el templo de la Santísima
Trinidad en el lugar donde estaba el santuario abandonado
de las Musas heliconianas. Los nombres apropiados de las tres
Personas eran Meditación, Memoria y Canción.
El culto de las Musas en el Helicón (y presumiblemente
también en Pieria) se relacionaba con la maldición
y la bendición mágicas.
Skelton, en su Garland of Llaurell, describe a la Diosa Triple en sus aspectos de Señora del Cielo, la Tierra y el Infierno. Como Diosa del Infierno le atañían el nacimiento, la procreación y la muerte. Como Diosa de la Tierra le atañían las tres estaciones de la Primavera, el Verano y el Invierno. Vivificaba los árboles y plantas y gobernaba a todas las criaturas vivientes. Como Diosa del firmamento era la Luna, en sus tres fases de Luna Nueva, Luna Llena y Luna Menguante. Esto explica por qué de una tríada se pasaba con frecuencia a un grupo de nueve. Pero no se debe olvidar que la Diosa Triple se relacionaba con la mujer primitiva, creadora y destructora. Como la Luna Nueva de la Primavera era doncella, como la Luna Llena del Verano era mujer, y como la Luna Vieja del Invierno era una bruja.
Hacia el siglo VII a.C. la tríada de Musas se amplió, bajo la influencia tracio-macedónica, a tres tríadas, o sea, un grupo de nueve. Esto recuerda a las nueve sacerdotisas orgiásticas de la isla de Sein en la Bretaña occidental, y a las nueve doncellas de Preiddeu Annwm que calentaban con su aliento la caldera de Cerridwen. Una Musa repetida nueve veces expresaba la universalidad del poder de la Diosa mejor que una triple, pero el sacerdocio de Apolo que regía la Literatura clásica de Grecia no tardó en utilizar el cambio como un medio para debilitar su poder mediante un proceso de división en secciones. Hesiodo dice que bajo el patronazgo de Apolo, se les dieron a las nueve hijas de Zeus los siguientes nombres y funciones:
Calíope: Musa de la Elocuencia y la Poesía épica. Se la representaba coronada de laurel, adornada de guirnaldas, de porte majestuoso. En su mano derecha lleva el estilo y en la izquierda un libro. Alrededor de ella, La Ilíada, La Odisea y La Eneida (en posteriores representaciones romanas), los inmortales poemas de Homero y Virgilio.
Clío: Musa de la Historia. Coronada
de laurel, sentada o de pie, con un rollo de papel o junto
a una caja de libros.
Erato: Musa de la Poesía lírica. La podemos ver coronada de mirto y de rosas sosteniendo en una mano una lira y en la otra un plectro. A su lado, un pequeño Cupido alado con su arco y su inseparable carcaj.
Euterpe: Musa de la Música. Coronada de flores y cargada de papeles de música. Cerca de ella una flauta, oboes y otros instrumentos musicales.
Melpómene: Musa de la Tragedia. De
porte rígido, viste con gran riqueza. Figura de
hermosa presencia. Coronada de pámpanos y calzada con
coturnos. Lleva en una mano una careta trágica o un
puñal, y en la otra cetros y coronas.
Polimnia: Musa de la Retórica y del arte de escribir. Coronada de perlas y vestida de blanco. De pie y apoyada en actitud pensativa.
Talía: Musa de la Comedia. Repesentada con una corona de hiedra, lleva en la mano izquierda una careta cómica y va calzada con borceguíes.
Terpsícore: Musa de la Danza. Doncella jovencita, alegre y vivaracha. Va coronada de guirnaldas y camina tocando el arpa.
Urania: Musa de la Astronomía. Coronada de estrellas y vestida de azul.
El número de Musas varía entre una, tres, cuatro, cinco, siete, ocho y nueve. A pesar de la reconocida mayoría, siempre se es consciente de que en esencia sólo hay una Musa. Su unidad, pues, estará corroborada a través de su pluralidad. Porque no es un número indeterminado de muchas Musas, sino que forman, como las Gracias, un grupo de tres que llega a ampliarse hasta triplicarse.
Las musas y sus nombres
A las Musas se les daban diversos nombres, según los
lugares donde se supone que habitaron o nacieron, o las fuentes
que les consagraron. Unos las llaman helicónidas, del
monte Helicón. Otros Parnásides, del monte Parnaso,
que es el mismo que el Helicón. Otros Citeríades,
del monte Citerón, que está cerca de Tebas.
Piérides, de las nueve hijas de Pierio, que por competir
con las Musas en el canto fueron transformadas en picazas
por su atrevimiento. Otros, como Ovidio, las nombran Tespiades
o Mnemosínides. Otros las llaman Pegásides o
Castalias, de las fuentes Pegaseya y Castalia. Otros las nombran
Hipocrénides, de dicha fuente griega. Libértides,
de una fuente de Macedonia. Nereidas, de Nereo, Dios del mar.
Aonias, de una fuente así llamada cercana a Tebas,
etc.
Interpretación según el número
de Musas
Los que dijeron que las Musas eran tres, entendieron por ellas
las tres artes sermocinales, que son: Gramática, Retórica
y Dialéctica.
Los que dijeron que eran cuatro, entendieron por ellas las
tres dichas, y por la cuarta la sabiduría que de ellas
resultaba, declarada por Calíope, la cual era la principal
entre todas; porque según Aristarco, a ésta
atribuían la sabiduría de todas las demás.
Los que dijeron que eran nueve, las refirieron a las ánimas de los orbes celestiales, a saber: Urania, ánima del cielo estrellado o firmamento; Polimnia, de los orbes o cielos de Saturno; Terpsícore, de los orbes de Júpiter; Clío, de los de Marte; Melpómene, de los del Sol; Erato, de los de Venus; Euterpe, de los de Mercurio; Talía, de los de la Luna. Dichos orbes, según opinión de los pitagóricos, causaban ocho tonos, de los cuales resultaba un suave sonido o música, el cual atribuían a la novena Musa, llamada Calíope, que quiere decir "buen sonido".





