Organización Internacional Nueva Acrópolis - España
Filosofía - Cultura - Voluntariado
Hacia un nuevo nomadismo (I)
Hernando Gilardi
El hombre «se detiene» de su marcha nomádica, no sólo para encontrar un medio ambiente apto, sino porque «encuentra un nuevo tiempo» que andaba buscando. Agotadas y culminadas sus energías físicas, ahora cede el paso a otras más sutiles: las mentales y las espirituales.
El nomadismo del ayer
En el largo proceso itinerante de los tiempos, el hombre ha
pasado por un sinnúmero de estadios. El procónsul
(1) marcó un punto de ruptura en la
evolución del hombre, si aceptamos plenamente las teorías
hasta hoy en boga. De igual manera los restos hallados en
Jericó (2) se convierten en una prueba
fehaciente sobre el paso del estado nomádico al sedentario,
ocurrido según se estima hace casi 10.000 años.
Esta «revolución neolítica» como
es hoy conocida permitió pasar del status de cazadores
y recolectores a la agricultura y el pastoreo.
Algo muy similar parece haber ocurrido, según se ha podido constatar, en Catal Huyuk (1), donde la ciudad planificada más antigua conocida hasta hoy, con una antigüedad superior a los ocho mil años, empezó a modificar su estructura organizativa; así aparecen viviendas con dimensiones bien definidas, e incluso hasta el número y la forma de los adobes para sus construcciones estuvieron sometidos a normas en su elaboración. Las localizaciones habitacionales se irguieron al pie de las colinas y montañas como milenario símbolo de unión indesligable entre el hombre y la Tierra.
(1)
Primera manifestación de los Homínidos, que
se separan de los póngidos en el Mioceno, hace más
de 20 millones de años.
(2) En 1952 Kathleen Kenyon lo comprobó
con las excavaciones realizadas en el Monte Carmelo cerca
de Jerusalén.
Del Nómada al sedentario
Muchas son las teorías que versan sobre las causas
que hicieron que los hombres adoptasen una conducta nómada,
y más tarde la modificación a una sedentaria,
base ésta de una real cultura. En Catal Huyuk se puede
observar el «puente de paso» de un estado al otro.
Por ejemplo, la presencia de huellas rituales de manos sobre
las construcciones, muy propias del Paleolítico, especialmente
en su última fase o Magdaleniense, coincide con la
última glaciación de hace unos 10.000 años.
En otros estratos menos antiguos aparecen representaciones
jeroglíficas propias del Mesolítico y el Neolítico,
identificables plenamente con un proceso hacia el sedentarismo.
En cuanto a los factores internos, éstos parecen estar
ligados a principios de concepción, valoración
y religiosidad.
El hombre «se detiene» de su marcha nomádica, no sólo para encontrar un medio ambiente apto, sino porque «encuentra un nuevo tiempo» que andaba buscando. Agotadas y culminadas sus energías físicas, ahora cede el paso a otras más sutiles: las mentales y las espirituales. De esta forma no sólo sería satisfactorio para sus necesidades externas, sino que éstas entrarían en sincronía con otras más profundas y propias del hombre, aparte de sus circunstancias. La «paz» del sedentario es fruto de la adecuada asimilación de la vida de «guerra» del nómada. Es entonces cuando empieza a edificar las bases de una cultura auténtica basada en la sabia experiencia y en el reconocimiento del nuevo sentido que le señala la Vida. Sus múltiples luchas con el implacable clima y con la fiera fauna, así como su constante impermanencia, hacen despertar en el nómada el alma del que más tarde será el poeta, el músico, el filósofo y el auténtico político.
Su vestimenta burda y rudimentaria hecha con pieles crudas, como protección mágica y térmica, junto a su rudo proceder ausente de toda norma, encontrarán también en el nuevo valor del sedentario más estabilidad y menos improvisación en la indumentaria. Así mismo la cortesía sembrará un sentido en su ser y proceder permitiendo una nueva convivencia.
Convivencia o inconveniencia
La capacidad de una mejor convivenvia del sedentario trajo
también la pérdida de su capacidad de innovación,
aspecto que observamos en su dificultad para aceptar el cambio,
así como en la reducción de su nivel de recursos
ante situaciones de modificación abrupta. Esto es especialmente
visible en el hombre del período mesolítico-neolítico,
para el que uno de los mayores retos es aceptar el sentido
de perdurabilidad de sus acciones. El paso de un arte con
manifestaciones protectoras ante las fuerzas misteriosas e
inexplicables que lo acosan a otro basado en una magia de
profunda relación y acercamiento hacia el Misterio
que representa la Divinidad fue un difícil paso, donde
el sedentario tuvo que acudir a la persistencia de su espíritu
nomádico que aún yacía dentro de sí.
El carisma nomádico
El origen mismo de todas las sociedades de la Antigüedad,
evidenciado en sus mitos, es una fuente de información
evaluable que nos permite constatar un principio con procesos
comunes que impera por encima de las diferencias de ubicación
geográfica o expresión cronológica. Desde
la India hasta Mesoamérica, desde Groenlandia hasta
la Tierra de Fuego, las sociedades se forjaron a través
del duro yunque de la adversidad.
La formación del Egipto histórico entre el Alto y Bajo Kem está ligada al espíritu de Menes o Namur. Entre los incas Manco Capac es sinónimo de liderazgo a prueba de toda dificultad, ya que recorrió el sagrado peregrinaje que lo llevó a la fundación de Cuzco en el cerro Huanacaure. El largo trayecto que lo separaba de su origen era el mismo Lago Titicaca.
Entre los muiscas, igual espíritu encarna Bochica. Otro tanto ocurrió con los teotihuacanos de Centroamérica y su gran héroe Quetzatcoatl, que tiene que errar por los «infiernos» o Mictlán donde recogería los huesos de sus antepasados para recrear una nueva Humanidad. No podemos dejar de mencionar a Valmiki con su personaje Rama, ni a Homero con el diestro e inteligente Ulises o al eterno peregrino de Sófocles, nuestro bien recordado Edipo, el de los «pies hinchados» de tanto caminar. En nuestra moderna Literatura entra en la palestra el hidalgo andariego y gran Caballero de la Mancha.
Todos ellos llevaron dentro de sí la milenaria fuerza del nómada y la novel semilla del sedentario. Así fue posible el nacimiento de culturas que aún hoy nos sorprenden y sobrecogen por sus grandezas y enigmáticos logros. La «domesticación» de animales y plantas, la forja de metales, el uso de la rueda, entre otros muchos e impresionantes logros, no fueron simple proceso del azar o de las circunstancias, sino de la persistencia y del saber unir el mundo mágico e imaginario con el de los hechos o, como ya hemos señalado, la experiencia del nómada con el nuevo espíritu creativo del sedentario.
Magia y Nomadismo
Observamos desde Catal Huyuk en sus estratos VII a X la presencia
de altorrelieves de Diosas madres así como de cabezas
de toros y carneros que ornaban mágicamente los recintos
de sus templos. También el uso del color con propósitos
simbólicos, extraído de óxidos o sales,
como el púrpura del manganeso. El uso de espacios geométricos
generó una cosmovisión en la que el naciente
sedentario aprendió a descubrir y a honrar a la Divinidad
oculta bajo sus innúmeras formas. Estas simples formas
utilizadas para invocar a la Divinidad durante este periodo
son testigos del alto contenido mágico que el nómada-sedentario
le otorgará a su vida cotidiana, que se une de manera
indesligable con la del mundo sagrado formando un Todo en
el cual habita y cohabita con todo el Universo.





