Organización Internacional Nueva Acrópolis - España
Filosofía - Cultura - Voluntariado
Hacia un nuevo nomadismo (II)
Hernando Gilardi
El eterno caminante, el nuevo nómada
Como una expresión más de la infalible
ley de los ciclos, hoy retorna revestido de nuevas formas,
aparentemente irreconocible, el nuevo nomadismo. Ciertamente
los motores que hoy mueven al nuevo nómada son muy
diferentes, pero trataremos de identificarlos en este nuevo
camino de aventura por el que transita. Se viste con diversas
indumentarias, pero todas confluyen sobre un mismo propósito:
la búsqueda de nuevas alternativas, de nuevos paradigmas
que le permitan, más allá de todas sus fantasías,
llegar a un mejor conocimiento y entendimiento de él
mismo y del mundo en que habita.
Los hijos de la Guerra Fría
La Segunda Guerra Mundial dejó muy amargos e imborrables
recuerdos, pero no menos desagradables fueron muchos de los
episodios vividos en la llamada Guerra Fría, y tal
vez no sean muy diferentes a los de la Paz Fría por
la que estamos atravesando. Lo que denominamos «hijos
de la Guerra fría» son todos aquellos que nacieron
en la década de los 60 e inicio de los 70.
Nacieron en cierta forma entre la aparición de la llamada Era de Acuario y el inicio de la Era Espacial, en medio de dos grandes polaridades, una con un contenido humano y psicológico, y la otra con una finalidad tecnológica y materialista. Una con el intento de encontrar un nuevo viaje hacia el interior del hombre, y la otra hacia el exterior de la Tierra. Este nuevo nómada nace en medio de una contradicción de propósitos. Rápidamente aparece como un fenómeno secundario la drogadicción y la violencia en lo individual y el origen de las miniguerrillas en lo colectivo. Casi como una respuesta no sólo a un nomadismo sin objetivos, sin valores, sino a un nomadismo profanante que engendra vacío en la medida que se recorren sus caminos.
El uniforme nomádico
Ver al nuevo nómada desplazarse por las calles
es caer en la evidencia de sus desafíos –internos
y externos– con los que siente que debe enfrentarse,
por lo que se equipa con botas para escalamiento, pantalones
tipo jeans (usualmente para trabajo de campo pesado), chaquetas
gruesas y fuertes, morral (normalmente usado para viajes largos
en terreno agreste. No faltan los que portan dentro una botella
con agua). Acostumbra igualmente a llevar pequeños
y simples amuletos o fetiches como trozos de cuarzo, ámbar
o acerina. El ataviaje con exóticos anillos, pulseras,
pendientes y hasta narigueras y ombligueras no resulta extraño.
Los tatuajes en diferentes partes del cuerpo, tanto con símbolos
legendarios cuyo adecuado significado muchas veces desconocen
sus propios portadores, hasta con representaciones tanáticas
que en una suerte de protección y desafío a
la muerte se exhiben como trofeos de guerra.
No olvidemos que los símbolos para el Homo Sapiens, que apareció hace aproximadamente unos 40.000 años, fueron su primera forma de expresión, un medio de enfrentarse a las formas misteriosas e invisibles del mundo, de acabar con los temores de la vida cotidiana, una forma de conjuro y de culto, pero también un medio gráfico, visual, que equivalía a la escritura. Existe en todo ello una particular combinación entre lo lúdico y lo simbólico, conjugados con una búsqueda entrañable de protección de un mundo que mata con su violencia e indiferencia, y la necesidad de creer en algo nuevo y diferente, aunque quede muy extravagante. Las nuevas «ágoras».
Hoy los nuevos núcleos de encuentro y concertación de las personas ya no son las plazas. Los epicentros más tipificantes del nuevo nomadismo son las estaciones de buses, de trenes y los aeropuertos, como modernas Torres de Babel. En éstos impera ante todo un intercambio visual y sonoro de usos, formas y colores, donde cada quien exhibe las actitudes y atuendos propios de cada clan. En los más importantes aeropuertos internacionales sorprende apreciar no sólo la gama de etnias que confluyen sobre un mismo punto al tiempo, sino los múltiples estilos del nuevo nomadismo y la particular forma de mostrar sus símbolos de poder. Están desde aquellos que con inusitadas indumentarias o peinados muestran el origen de su clan, hasta aquellos que con impresionantes y sofisticados equipos de comunicación con autonomía vía satélite, o con pequeñas centrales de comunicación informática, evidencian ser de una «tribu» muy diferente a la anterior.
No falta el típico turista que ataviado con gafas de sol, cámara de fotos y filmadora, no se percata de nada, pues todo lo ve inmerso dentro de la «película» que quiere vivir.
El psiconomadismo y el pensamiento nomádico moderno Hoy surge el ciberespacio, manejo de imágenes entre lo real y lo virtual, donde el navegante o moderno nómada se desplaza por un mundo de imágenes, colores y sonidos, intentando desentrañar en ellos un mensaje, o como, se diría hoy, una información que satisfaga sus necesidades de viajero. Valiéndose de un ciberlenguaje expresa sus dudas y temores en un afán casi mágico por descifrar los múltiples misterios que lo inquietan y a veces hasta lo torturan. La gran diferencia en este nuevo nomadismo es que el viaje es estático, como cuando soñamos, o tal vez cuando morimos. El cuerpo no se desplaza, sólo el pensamiento o la fantasía son los que fluyen. Si bien hay sensaciones muy fuertes provocadas por los efectos virtuales, realmente el navegante no está allí, pese a que una profunda ilusión le diga todo lo contrario.
En otro contexto, la reciente incursión de la novela histórica, con millones de lectores en el mundo y con cada vez más crecientes demandas, es una evidencia de otro estilo de nomadismo, donde compartimos sucesos y experiencias al lado de grandes personajes de la Historia, vemos hechos acaecidos hace cientos o miles de años y visitamos viejos pueblos, descubriendo sus conocimientos, costumbres, creencias, temores y amores. El clon nomádico Según parece el origen de la vida es un estado de clonación natural donde el ADN no manipulado sería la fiel expresión de una casuística hereditaria que tal vez no sea sólo colectiva.
Hoy surge la clonación como la más avanzada técnica embriológica, en un intento por hacer «hijos de sí mismo». Tal vez en el fondo y más allá de todos los «intereses» que la biología molecular encierra, se dé la necesidad ancestral de perdurar, de sobrevivir pese a todas las dificultades e inconvenientes que presenta la vida en los tiempos modernos, en un afán ultérrimamente infructuoso por corregir deficiencias y llenar vacíos, que no terminarían sino en el infantil atentado de pretender alterar las leyes de la vida. Es muy importante anotar que para el Homo Sapiens, además de la muerte, también la fecundación y el nacimiento parecían procesos misteriosos, dirigidos por fuerzas sobrenaturales.
Para relacionarse con lo sobrenatural, el hombre imaginó un ritual como expresión de sus ideas religiosas. Los ritos eran la materialización de los símbolos, que expresaban lo que en el fondo es inexplicable, inescrutable e innombrable, y danban forma al mundo espiritual e invisible. La idea de la fertilidad logra su máxima expresión con la aparición, en varios lugares del mundo, de las llamadas «Venus», efigie y materialización de la gran Diosa Madre o la Esencia femenina de la vida misma. Este nombre y apariencia ha cambiado a lo largo de miles de años y hoy es probable que intentemos envolverla en los velos de la nueva ciencia embriológica.
¿Surgirá un nuevo sedentario?
La primera pregunta que aparece es: ¿cuál será
el verdadero aporte que el nomadismo moderno podrá
brindar?, ¿será suficiente esta experiencia
para hacer nacer al nuevo hombre sedentario? Más que
una simple respuesta apocalíptica, que niegue toda
visión de futuro, es importante entender, tal como
se ha señalado con respecto al carisma nomádico,
que los cimientos de toda cultura nacieron de formas nomádicas,
y esto es un axioma histórico irrefutable. El punto
en cuestión es si el nomadismo actual será capaz
de gestar una nueva y auténtica Cultura, con valores
suficientes como para brindar un norte claro y definido al
hombre del futuro.
Esta pregunta posee varios dilemas latentes, debido en gran
parte al estado embrionario del nuevo nomadismo, muy cargado
aún de fantasías y de un aparatosidad que no
es otra cosa que el envoltorio que guarda al nuevo nómada.
Así, dentro de estos pañales parvularios no
se puede apreciar su capacidad de cambio y su profunda vocación
telúrica y celeste, que irá despertando en la
medida en que madure y descubra su auténtico rol dentro
de esta nueva historia que ya se empezó a gestar.
La cultura del sedentario aparecerá dentro de mucho tiempo, pero aún, como todo proceso de la Naturaleza y de la Historia, deberá atravesar por difíciles y espinosos caminos para salir triunfante, mientras el alma del nuevo nómada no se duerma o quede atrapada por los encantos y desencantos de esta nueva y maravillosa aventura.





