Organización Internacional Nueva Acrópolis - España
Filosofía - Cultura - Voluntariado
Las Leyes de la Naturaleza
Delia Steinberg Guzmán
¿No es evidente que existe, o mejor dicho, tiene
que existir, una «Inteligencia Cósmica»,
que... actúa en todas las cosas, aun en las para nosotros
invisibles e inconcebibles? Existe, entonces, un Plan de Acción
que se traduce en una Ley Universal... Esta Ley o conjunto
de leyes es también llamada «sentido de la vida»;
es la dirección del sendero de la evolución.
Jorge Ángel Livraga
Invitación hacia lo desconocido
Nuestro universo es una unidad coherente y correlacionada.
Lo desconocido puede ser mayor, más amplio, más
elevado, más maravilloso, más fuerte, más
luminoso que lo que conocemos, pero nunca será absolutamente
diferente. Debemos ir hacia lo desconocido, es decir, hacia
lo que nos falta por saber, no con miedo, sino con la alegría
espiritual del que va descubriendo las leyes inexploradas
de la Naturaleza y los poderes latentes en el hombre. Aprendiendo
de la Naturaleza Necesitamos entender que la Naturaleza encierra
todos los conocimientos a los que podemos aspirar. En el «Libro
de la Naturaleza» se encierran todas las leyes, las
que ya creemos conocer y siguen desconcertándonos,
y las que todavía permanecen inexploradas.
Repetición rima con perfección
La repetición es la ley con que se maneja el cosmos
entero. Basta con analizar, por ejemplo, la ley del eterno
retorno; basta con advertir los ciclos de manifestación
que hacen que las cosas aparezcan y desaparezcan. La Naturaleza
repite insistentemente sus estaciones, sus días y noches;
millones de veces la semilla germina en la tierra de la misma
manera. Como parte que somos de la Naturaleza, ¿no
seguiremos acaso el mismo ritmo? Repetir, repetir, repetir...
no por aburrimiento, sino por la imperiosa necesidad de la
perfección. El que repite no hace siempre lo mismo:
lo hace cada vez mejor, se siente crecer en cada nuevo acto
de aprendizaje.
El orden natural
El orden no es un invento humano; toda la Naturaleza se mueve
según un ritmo visible que es reflejo de un orden,
de una Ley. El hombre que se ordena no hace más que
seguir los dictados de la Naturaleza. Si el ser humano evoluciona
con orden, sus progresos serán más notables
y sus problemas serán menores. No porque no existan
los problemas, sino porque sabrá encontrar soluciones
factibles dentro del orden en que se mueve.
¿Qué quiere decir ordenar?
Ordenar no es rellenar los espacios: ordenar es poner cada
cosa en su lugar y saber encontrar el lugar adecuado para
cada cosa.
La ley del Karma o las lecciones de la vida
Así como entendemos lo que es blanco porque lo comparamos
con lo que es negro, entendemos la Ley por los efectos que
ella produce en nosotros, en nuestras existencias. Cada vez
que nos alejamos del camino, nos golpeamos contra sus muros
laterales, los que, en su elasticidad, nos devuelven a la
senda correcta. Esos golpes pueden ser más o menos
fuertes, más o menos dolorosos, tanto como nuestro
alejamiento de la Ley. Pero si no fuera por esos efectos dolorosos,
no volveríamos los ojos del alma al porqué de
nuestro dolor, no nos interesaríamos por la causa de
nuestros errores, no trataríamos de evitar equivocaciones
ni de analizarlas para encontrar su defecto.
Una cosa es vivir el Karma pasivamente, soportando sus correcciones con espíritu resignado, y otra muy diferente es interpretarlo para impulsarnos en la corriente de la vida, en su sentido. En lugar de detenernos en las quejas y el egoísmo que nos lleva a considerar nuestro dolor como el único dolor, en lugar de gozar con la debilidad del «por qué a mí, precisamente», hay que ir tras las causas. Los efectos son una consecuencia; ¿consecuencia de qué? Recordemos una vez más que el verdadero filósofo no se conforma con las preguntas. El por qué es una primera reacción de la personalidad. Lo más importante es la respuesta a las preguntas, llegar a entender la raíz de cuanto nos sucede y dejar de considerarnos los eternos perseguidos por la vida para asumir la naturaleza del que aprende de todo cuanto le sobreviene.
Encontremos las formas que nos definen
Del mismo modo que la energía del cosmos ha generado
infinitas formas para dar cabida a sus infinitas modulaciones,
así nosotros hemos de encontrar las formas que respondan
a nuestros principios morales, a nuestra inteligencia, a nuestros
deseos tamizados por la experiencia y a las acciones moderadas
por la razón.
Extraído del libro “Filosofía para Vivir”





