Pitágoras de Samos, uno de los filósofos griegos más sabios de la Antigüedad, nació en el siglo VI a. C. Fundó la escuela pitagórica, en la que se estudiaban matemáticas, aritmética, geometría, astronomía y música, entre otras cosas.
Pitágoras trató de explicar matemáticamente la escala musical, que entonces era un gran misterio para los hombres. Estaba convencido de que los intervalos entre las notas de una octava podían ser representados mediante números, y en ello trabajó durante gran parte de su vida.
Los pitagóricos fueron los primeros en definir el cosmos como una serie de esferas perfectas que describían órbitas circulares. Pitágoras sostenía que los 7 planetas (Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, incluyendo el Sol), al describir sus órbitas, emitían unos sonidos, las notas musicales que creaban lo que él llamó la armonía de las esferas.
Esta música armoniosa no podía ser escuchada por los humanos porque estábamos acostumbrados a ella desde nuestro nacimiento. Es decir, cada uno de los 7 planetas emitía una de las 7 notas musicales, del do al si.
Bueno, en realidad los griegos dividían las notas en tetracordios, ya que nuestras do, re, mi, fa, sol, la, si, tienen su origen en la primera sílaba de cada verso de un himno medieval dedicado a San Juan.
Cierto día, mientras Pitágoras paseaba por la calle, escuchó unos golpeteos rítmicos que le llamaron poderosamente la atención. El ruido procedía de una herrería cercana hasta la cual el sabio de Samos se aproximó, atraído por la musicalidad de los golpes de los martillos sobre el yunque. Estuvo allí bastante rato, observando cómo trabajaban los herreros y cómo utilizaban sus herramientas, y se dio cuenta de que el sonido variaba según el tamaño de los martillos. Así, Pitágoras descubrió la relación numérica entre las notas musicales, las mismas notas musicales que emitían los 7 planetas al girar alrededor de la Tierra.
(Extracto del libro “El último Catón” de Matilde Asensi)